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Disponemos de un amplio número de civilizaciones a nuestra disposición con figuras como Catalina de Rusia, Napoleón Bonaparte, Abraham Lincoln, Isabel la Católica, Gandhi, Mao Zhedong, Bismarck, Julio César, Alejandro Magno, Cleopatra, Isabel I, Gengis Khan, Moctezuma, Saladino o Chaka Zulú. Cada una de las civilizaciones posee ciertas diferencias en materia de habilidades de partida o modificadores a condiciones como la anarquía, cambios de gobierno, etc.
Una vez seleccionada la facción comenzamos la línea temporal desde la época antigua, tan sólo con un colono que debe emplazar la primera capital de lo que podría llegar a ser un imperio. Una vez creada la primera ciudad, aparece el menú de construcción de unidades y edificios que posee en este momento una reducida cantidad de variantes. De inicio tenemos que garantizar la defensa de las ciudades con soldados, antes de pasar a construir infraestructuras o incluso generar nuevos colonos que expandan el imperio. A la vez que nuestra ciudad produzca unidades, con un coste que dependiendo de la productividad del enclave llevará diversos turnos medidos en años, nuestros científicos comienzan sus estudios desde campos del conocimiento bastante primitivos. Descubrir el alfabeto, metalurgia, equitación, entierros ceremoniales, etc. pone los primeros cimientos a una especialización mediante un árbol de conocimientos que nos lleva a diversas metas bastante variadas.
Podemos intentar alcanzar rápidamente la obtención de metas económicas, descubriendo la moneda, mejorando la productividad de nuestros trabajadores, creando caravanas de comercio, puestos de intercambio, puertos, bancos, etc. Los más belicosos correrán raudos a descubrir la forja del bronce, del metal, la caballería, las matemáticas para crear catapultas, la navegación para explorar los mares en pos de obtener unidades más avanzadas que garanticen el dominio militar y la conquista de las ciudades y capitales rivales. Si nuestra meta es demostrar a los demás que somos los más cultos y somos capaces de inventar y descubrir casi cualquier cosa antes que nadie, podemos deslumbrar a los demás y atraer eminencias al avanzar en campos como la física, química, matemáticas, literatura, artes, destinando recursos a la creación de universidades y alcanzando avances científicos que también tengan efecto en la producción o incluso llevando al hombre al espacio.
Como podéis adivinar, existen avances que afectan a diversas áreas y no son totalmente especializados. Además, en función de la configuración del mapa y, por lo tanto, de la cercanía y actitud de las civilizaciones vecinas, podemos vernos obligados a modificar nuestros planes iniciales para adaptarnos a su comportamiento y obtener por ejemplo un ejército capaz de defenderse de las ofensivas rivales. De esta forma disponemos de varios sistemas para alzarnos con la victoria final de forma anticipada, antes de que concluyan los turnos predefinidos para alcanzar nuestro cénit. Victoria económica, militar, cultural o tecnológica premian una variedad de enfoques que velan tanto por la forma de jugar de cada perfil, como por la rejugabilidad para adaptarnos a las peculiaridades que ofrece cada estrategia.
La interfaz de juego es muy intuitiva, tanto el menú de las ciudades, las pantallas de diplomacia, la relación con los consejeros de áreas como cultura, defensa o asuntos exteriores, etc. Además del control táctil podemos utilizar los botones contextualizados en pantalla para ordenar a las unidades, construir, mover, esperar o atacar.
Conforme van pasando los turnos accedemos a las diferentes épocas del juego: Antigua, Medieval, Industrial y Moderna. Aquí notamos inicialmente el ritmo más acelerado respecto a las entregas de PC. El otro aspecto que llega a defraudar, ligeramente eso sí, al conocedor de la serie de PC es el pequeño tamaño de los mapas. En cuanto dispongamos de exploradores marítimos podemos completar el mapa en poco tiempo, aunque goza de mayor interés descubrir ciertas ubicaciones de artefactos poderosos o bien hacernos amigos de tribus nómadas que normalmente se ven amenazados por bárbaros sin piedad.
La variedad de construcciones, aun con una finalidad similar, la cantidad de unidades, ambas incrementadas conforme avanzamos de época u obtenemos descubrimientos que permiten conseguir cañones, infantería de combate avanzadas, distintos tipos de aeronaves o embarcaciones, etc., se ve hasta cierto punto empañada por ciertos resultados discutibles en pleno combate.
El sistema de combate de este juego permite apilar las unidades y conformar ejércitos de tres miembros del mismo tipo de unidad. Además, obtenemos experiencia al ganar combates con una unidad, experiencia que se transforma en bonificaciones especiales que permiten mover más rápidamente, ver lo que nos encontraremos en una capital defendida, mayor lealtad o poder curativo por turno, etc. En términos generales, un piquero tiene poco que hacer frente a una unidad de infantería avanzada, aunque siempre encontramos en el asedio o defensa de ciudades resultados bastante curiosos como que por ejemplo que unos arqueros derriben un caza de combate. Este detalle no llega a resultar determinante en el desarrollo del juego, ya que funciona por igual para todos los jugadores aunque sí que puede llegar a enfadar a más de un usuario.
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