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Simon The Sorcerer 4
A Simon muerto, Simon impuesto
Algunas grandes estrellas supieron morir a una edad adecuada, suficiente como para convertirse en leyendas. Pongamos por ejemplo a Kurt Cobain, una gran estrella que quién sabe si ahora mismo no estaría haciendo dúos con Céline Dion. "Ah, sí, Cobain molaba antes de separarse de Nirvana y presentar galas en la MTV". O, por ejemplo, el Che Guevara. Quién sabe, si no fuese por su heroica muerte en Bolivia, tal vez ahora se hubiese convertido en un conservador barbudo de comunistas opresores de la vieja escuela y estaría a la derecha de Hugo Chávez asintiendo. Qué desencanto, ¿no?
Simon tuvo también su época de gloria en la que tocaba en una banda de rock y luchaba contra el capitalismo. Digamos que para eso hay que remontarse a principios-mediados de los noventa, donde su presencia en dos legendarias aventuras gráficas le han valido una pequeña zona en el podio de personajes de la historia de los videojuegos. Y es que Simon era genial, un tipo ácido, ocurrente, inmoral pero con un cierto encanto de humor británico.
La tercera parte, Simon 3D, demostró ser un absoluto despropósito, y ahí pareció por siempre enterrada la saga de Simon the Sorcerer. Hasta ahora. ¿Logra Simon renacer de las cenizas cual ave fénix? Pues no. Lo sentimos, no. Qué pena, ¿verdad? Yo también tenía esperanzas puestas aquí.
Pero antes, revisemos por qué Simon the Sorcerer 4 destruye nuestra infancia mucho más de lo que lo haría una cuarta parte de Regreso al futuro protagonizada por Paris Hilton y Fernando Tejero. Veamos, la historia esta vez empieza con una discusión entre Simon y su casi-clónico hermano. Después de tener una visión mística sobre el reino mágico que le llama, Simon decide usar su famoso armario "narniano" para pegarse un buen viaje al otro lado de la realidad. Allá se da cuenta de que un malvado clon suyo (peor que malvado, un buenísimo clon suyo) está haciéndose pasar por él, y que todo el mundo le respeta. Simon está dispuesto a recuperar su mala reputación de salvador del mundo sin ningún tipo de escrúpulo.
La idea es buena. De hecho, la idea es muy buena. Lamentablemente, desde el principio del juego la cosa ya empieza a desmoronarse. Digamos que Simon se ha rebajado demasiado en ironías y golpes sucios, y ahora la mayoría de opciones de diálogo varían entre la respuesta estándar y alguna bordería mal caída y con poca ocurrencia. No es que Simon haya dejado de ser él, pero sí se ha transformado en una versión descafeinada de sí mismo, y donde antes nos sorprendía ahora normalmente nos deja igual.
Los chistes llegan a explotar con tanta saña los tópicos de las aventuras gráficas y los cuentos de hadas (modernizados estilo Shrek, de donde Simon 4 bebe demasiado) que, al final, la cosa se ha convertido en algo tristemente predecible. No es que no pueda arrancar una sonrisa a veces, de hecho Simon 4 tiene varias escenas divertidísimas que recuerdan a las primeras dos partes, pero no son suficientes, son incapaces de cumplir las expectativas que todos esperaban de este juego.
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