Análisis
La calle es nuestra
EA se marca una buena continuación de su juego de skate.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 27/02/2009 17:26
Los torneos callejeros son nada menos que reuniones en las que varios patinadores luchan para demostrar quién se maneja mejor con la tabla. Tienen lugar en skateparks y espacios relativamente pequeños y constan de varias rondas con objetivos específicos, como hacer el mejor grind, lograr la mayor puntuación con trucos de salto o, simplemente, marcarse el mejor estilo libre. Son sólo unos pocos ejemplos; la gama de objetivos es amplísima.
En San Vanelona se publican dos revistas especializadas en pugna: Thrasher y The Skateboard Mag. Si contactamos con los fotógrafos que trabajan para ellas nos propondrán sesiones de piruetas que, con el tiempo, nos abrirán las puertas del mundo profesional con patrocinadores de ropa y tablas. Encadenar grinds con poses chulescas, hacer saltos vertiginosos, dominar una zona llena de obstáculos... prácticamente todo tiene cabida. En cuanto uno lleva varias horas de juego se da cuenta de que las revistas no se conforman con cuatro saltos: necesitan fotos espectaculares como reclamo para los lectores, así que no será nada fácil. La revista Thrasher, como abanderada del sadismo, nos premiará por despeñarnos y, en definitiva, pegarnos los piñazos más salvajes. La sección “Sala del dolor” se nutre de las caídas más bochornosas; está claro que toda publicidad es conveniente. Para entrar en los anales de la pifia podemos controlar la caída del pobre diablo que es nuestro personaje al más puro estilo de Pain. Literalmente, sangre, sudor y lágrimas.
Explorar San Van sin recurrir al teletransporte tiene sus ventajas, más que nada porque uno nunca sabe cuándo se va a encontrar un sitio en el que lucirse. Los spots son elementos de la arquitectura urbana susceptibles de ser recorridos con la tabla, de modo que hay que ir a su encuentro. Cada spot está asociado a una cantidad de puntos que hay que alcanzar para dominarlos. Lógicamente, esto se consigue haciendo los mejores trucos en su superficie, que por norma general tiene unos límites muy estrictos. Para hacernos con un spot más nos vale tener precisión de relojero.
¿Qué ganamos jugándonos el pellejo en las calles de San Vanelona? Dinero, evidentemente. Las ganancias son esenciales para comprar artículos en la tienda (a menos que uno tenga patrocinador, claro), apostar contra otros skaters o pagar la cuota de entrada de algunos torneos. Si llegamos a la categoría de magnate hasta podemos comprar propiedades, que se dice pronto.
Es normal sentirse un poco desorientado ante semejante cantidad de retos. Como ya hemos dicho, el menú es una herramienta muy cómoda para acceder a ellos en el orden que uno desee, pero también podemos consultar el blog de Slappy para informarnos de los más interesantes y deleitarnos con las fotos que nos inmortalizan en las revistas.
Uno de los grandes aliados que tendremos a lo largo de esta aventura urbana es el teléfono móvil. Skate 2 es un juego de habilidad con cierto componente de ensayo y error, así que nunca viene mal una herramienta que nos permita desandar el camino automáticamente en el caso de meter la pata. Gracias al móvil podemos colocar señales de sesión en cualquier punto para acceder a ellas con un simple gesto del mando cuantas veces queramos. Si en un reto tenemos que hacer grind por unas cuantas barandillas consecutivas, basta con poner una señal cerca de la primera y curarnos en salud.