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Si hemos sido medianamente agraciados y hemos conseguido 50 anillos, entramos en la fase especial (aquí no se puede fallar el salto porque el anillo gigante que abre el portal ocupa casi toda la pantalla, así que la ralentización no nos afecta). Recordemos, la fase especial del primer sonic era un laberinto rotante en el que un Sonic convertido en bola saltaba hasta llegar a la Esmeralda del Caos evitando caer en las casillas de salida; pues bien, es cuestión de azar conseguir la esmeralda puesto que dependemos de la puntería de nuestro salto para avanzar por el laberinto rotante y si gracias a la ralentización es una lotería saber dónde acaba el salto... pues coseguir la esmeralda es el euromillones, que tiene menos posibilidades de ser acertado, porque el manejo es completamente imposible.
Luego llega Robotnik con los mismos diabólicos inventos de entonces, y mira por donde tenemos una sorpresa... ¡Somos capaces de atravesar los elementos de Robotnik que nos hacen daño! Así que... no es que sea fácil acabar con él, es que para darle emoción has de llegar cuando te quedan 30 segundos para llegar a los diez minutos y que te pueda matar el tiempo. Eso sí, no ocurre siempre, depende del color del aparejo (de aparición aleatoria), si este tiene un tono grisáceo lo atravesamos, si mantiene le color original de hace quince años, no.
Seguimos avanzando y vemos que si por Green Hill se hacía difícil avanzar, por el resto de los cinco mundos (recordemos, eran Marble, Spring Yard, Labirynth, Starlight y Scrap Brain, más el enfrentamiento final con el doctor), donde ya aparecen fuego, agua y otros elementos que nos ponen trabas muy peligrosas en nuestro progreso, el juego se vuelve desesperante.
Querido Silmarillion
En la excelsa obra de Tolkien El Silmarillion se narra una batalla, la Batalla de las lágrimas innumerables, cuyo resultado provoca el fin de casi todos los reinos de elfos y hombres, abre el camino a que criaturas del mal pululen por Beleriand y la desesperanza cunda entre todo el mundo al verlo todo perdido. En honor a ese libro hemos puesto como título del análisis El remake de las lágrimas innumerables, puesto que después de probar este título solo cabe esperar que SEGA entierre al erizo de una vez y no saque nunca más un juego protagonizado por él y así nos deje recordar en paz cuán grande fue su mascota.
PÁSALO >>
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