Análisis
Mallas apretadas en la ciudad del caos
Sin la excusa de una película, Activision nos trae las últimas aventuras de nuestro amistoso vecino Spider-Man.
Por Juan Emilio Palomino González
| Publicado el día 11/11/2008 07:02
Para incrementar nuestros niveles de vida tendremos que buscar pequeñas objetos con forma de araña que, a modo de coleccionable, irán subiéndonos de nivel y aumentando nuestras estadísticas (vida, velocidad, fuerza...). Cada golpe que encajemos nos reducirá la barra de vida, que se recuperará al alejarnos del bullicio de los combates y descansar por unos instantes.
Un fallo curioso es la imposibilidad de continuar nuestra partida para terminar las misiones secundarias una vez finalicemos la trama principal y desbloqueemos uno de los cuatro finales. Podremos empezar desde el principio con las habilidades que tengamos adquiridas y las misiones secundarias que hubiésemos terminado completadas, pero repitiendo toda la trama principal.
Apartado técnico
Queda la sensación de que el motor gráfico es el mismo que en el anterior videojuego (la tercera película) pero bastante mejorado en varios aspectos, sobre todo en lo referente a Spidey. Tendremos un compendio de animaciones para nuestro héroe realmente destacable, siendo un auténtico placer pasearse por Manhattan una vez asimilemos el control. Los brillos y reflejos aplicados al traje quedan realmente bien en pantalla demostrando que han trabajado con mucho cuidado todo lo referente al protagonista y su puesta en escena. Si bien hay bastantes personajes secundarios relevantes sacados del universo Marvel y plasmados con diferente acierto (cada vez que se toman la libertad de modificar de los cómics suelen meter la pata), la población neoyorquina sufre de una gran reiteración de modelos en todas sus versiones: ciudadanos, pandilleros, soldados, esbirros y demás entes embutidos por el simbionte son hermanos gemelos unos de otros. La pena no es que haya variedad, es que se repiten tantos y tan próximos unos de otros que canta demasiado a simple vista.
En las distancias cortas el juego da el pego, pero a medida que empezamos a coger velocidad nos damos cuenta que los elementos a media distancia empiezan a mostrarse con dientes de sierra y existe aparición repentina de mobiliario. Olvidad ciclos horarios porque el juego no los tiene, la iluminación dependerá del momento en el que estemos en la historia. Vehículos y farolas en los que balancearse adornan unas calles, que poco a poco y a medida que se avanza en los tres actos que dura el juego van modificándose para mostrar el caos de una urbe hasta sus últimas consecuencias.
Este deterioro consigue que el escenario, ya conocido tras muchos videojuegos, ofrezca incentivos para ser recorrido de nuevo. Un buen trabajo en este aspecto. Al llegar al tercer acto, todo el entramado gráfico comienza a irse al garete con bajones de la tasa de imágenes. Parece que al incluir "nuevos elementos" el motor se resiente mostrando sus penurias al jugador. Una pena que esta parte no se hay testeado convenientemente para evitar estas incomodidades.
Después de tantos años y con tantos autores de renombre que han plasmado su visión del personaje, nos encontramos con la carátula (posiblemente) más fea inimaginable, rivalizando en crueldad artística con el esperpento de Spider-Man: Amigo o enemigo. En un intento de asemejarse al estilo cinematográfico (recordemos que intenta ser una secuela encubierta), el diseño de la mayoría de los personajes es muy irregular, con un Electro indescriptible y un Luke Cage hortera, salvándose sobre todo el diseño del protagonista (ésta era fácil) y un Lobezno que evoca su primera época en La Patrulla X. La ciudad va ganando en carisma a medida que se va corrompiendo, incluso los esbirros y carne de cañón que nos encontramos tienen un buen diseño a pesar de su constante reiteración.