Análisis
El universo en la mochila
Star Ocean llega en exclusiva a 360 con un juego que relata los inicios de la saga.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 01/06/2009 09:21
Los tres discos que componen The Last Hope aseguran un mínimo de 30 horas de juego. Nosotros lo hemos acabado en unas 35 sin detenernos demasiado con las búsquedas secundarias, pero si uno le pone dedicación la cifra se dispara. Además de cuatro niveles de dificultad (dos de ellos bloqueados al principio), tenemos mazmorras ocultas, misiones que nos encargan los personajes no jugables y un montón de cosas por descubrir, entre ellas varios finales que dependen de la relación que consigamos establecer entre la tripulación de la Calnus. Los seguidores del género pueden estar tranquilos. No obstante, si deseamos visitar los planetas del principio en el tercer disco no tendremos más remedio que abrir la pletina de la consola una y otra vez.
The Last Hope hereda el sistema de juego que ha caracterizado a las otras entregas y lo utiliza con maestría para ofrecer unos enfrentamientos que, en pocas palabras, son de lo mejor que uno puede encontrar. Los combates aleatorios por turnos son cosa del pasado; aquí los enemigos aparecen en el mapa y podemos pillarles desprevenidos para jugar con ventaja, aunque también puede darse el caso contrario.
En esta ocasión podemos llevar cuatro personajes en el grupo, intercambiarlos aunque hayan caído y configurar las habilidades, las tácticas y el equipo de cada uno, todo en plena batalla. Sólo controlamos directamente al líder, pero tenemos una opción para ajustar el comportamiento de los demás: atacar sin malgastar PM, adoptar una posición defensiva, luchar a plena potencia... la inteligencia artificial funciona bastante bien. Por supuesto, con la pulsación de un botón pasamos de uno a otro, no estamos obligados a utilizar a Edge. De hecho, una de las grandes ideas de este Star Ocean es que la jugabilidad varía considerablemente de un personaje a otro al tener aptitudes bien diferenciadas. Espadachines con garra, curadores, tanques. Uno puede ir casi siempre con el mismo grupo, pero el juego anima a modificarlo con frecuencia y a tener buenos peones en la reserva por si las cosas se ponen feas. Es mejor que huir con el rabo entre las piernas.
Empecemos por lo básico. Tenemos un botón para atacar y encadenar combos y otro para saltar, que sirve ante todo para esquivar los envites del enemigo. Con los gatillos utilizamos artes especiales de gran poder, pero lógicamente consumen PM, al igual que la simbología, que a grandes rasgos aglutina hechizos curativos, ofensivos, de estado y de apoyo. También hay habilidades destinadas a darnos ventaja en el campo de batalla. Combinar los distintos tipos de ataques con sabiduría es la clave para alzarse con la victoria, pero el sistema va más allá.
El botón de salto guarda el que será nuestro as en la manga en los enfrentamientos más duros. Si lo mantenemos pulsado cerca de un enemigo, el personaje que controlamos se pondrá en posición de carga. En el momento en el que el rival nos fija como objetivo, tenemos que mover el stick izquierdo para hacer una finta, asestarle unos cuantos golpes críticos por la espalda y desaparecer literalmente de su campo de visión. La utilidad de este recurso está fuera de toda duda, pero no siempre es infalible, ya que algunos enemigos son especialmente avispados y no dudarán en contraatacar. Para evitar que nos salga el tiro por la culata tendremos que ser precisos con la palanca. Por otra parte, al lado de las barras de vida y puntos mágicos hay un indicador de color verde que se llena al repartir golpes y encajarlos. Cuando está llena podemos activar el modo “Ráfaga”, que además de aumentar el poder del personaje seleccionado, se puede combinar con las artes especiales para infligir más daño mediante un minijuego de botones. Hasta podemos unir fuerzas con los aliados de esta forma.