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A pesar de todo, morir no tiene ninguna consecuencia en Héroes de la República más allá de aparecer en el punto de control más cercano. Lo mismo pasa en Lego Star Wars (bueno, en éste al menos se pierden unas cuantas fichas), pero la diferencia entre el juego de Traveller’s Tales y el que hoy nos ocupa es que en el primero los personajes no pueden morir para hacer la experiencia de juego más accesible, mientras que en el segundo parece que es la solución de los programadores a los problemas del control. No queremos ni imaginarnos cómo sería el juego si perdiéramos una vida cada vez que nos equivocásemos en un salto. Concluimos que la dificultad es nula, no sólo por la inmortalidad de serie, sino también porque Yoda nos revela la solución de los puzles cada vez que se presentan, y eso que son de todo menos desafiantes. Basta con que lleguemos a una sala con tres interruptores para que nos diga “En orden activarlos debes” o cualquier otra frase de sintaxis pintoresca.
La cámara también está del lado de los separatistas. Dista mucho de ser perfecta, y eso que es fija. Por desgracia, es bastante frecuente que enfoque al personaje desde muy lejos para que se vea diminuto y no sepamos dónde está, por no mencionar que a veces cambia de perspectiva con brusquedad. Cuesta creer que en unos niveles tan lineales que a veces no se puede ni volver atrás la cámara esté tan mal resuelta.
Lo más atractivo de Héroes de la República es que podemos jugar las misiones con un amigo, ya que siempre hay dos personajes en la pantalla. No es que sea la solución a los males del juego, pero al menos lo hace más entretenido y no deja al compañero en manos de la IA, pésima a todas luces. Si controlamos a Mace Windu, lo más normal es que veamos a Kit Fisto aparecer a nuestro lado de la nada, porque la IA es incapaz de seguirnos el ritmo aunque caigamos mil veces. Da la impresión de ser más eficaz en las peleas, pero nada más lejos de la realidad: las armas del acompañante parecen de goma en el caso de los Jedi y de fogueo en el caso de los clones. Ya pueden dar espadazos y pegar tiros, que los droides enemigos ni se inmutan. Fantástico.
Las tareas de recolección típicas del género están presentes en Héroes de la República. Los escenarios están plagados de esferas azules que se pueden intercambiar en el menú por mejoras para los ataques y el control de droides, además de contenido adicional como máscaras de personajes de la serie y modificaciones divertidas, cosa que sin duda los fans apreciarán. La evolución de los Jedi y los clones es muy tímida, así que si invertimos todos los puntos de primeras en los ataques no tardaremos en quedarnos sin ampliaciones. Los desafíos secundarios que aparecen de vez en cuando, sin ser una maravilla, consiguen que nos distraigamos un rato machacando droides con variantes a contrarreloj o de utilizar ataques específicos. Al terminarlos nos conceden una clasificación (bronce, plata, oro o platino), lo mismo que al final de cada misión.
Lo que Krome Studios ha hecho con The Clone Wars es difícil de entender. El juego tiene las bases necesarias para entretener a la familia, en especial a los chavales de la casa, pero se han tomado decisiones completamente erróneas. El cambio de ritmo entre las fases de los Jedi y los clones debería funcionar sin mayores problemas, pero la cámara, el sistema de saltos y la poca profundidad general hacen que la sencillez de la apuesta caiga en saco roto. Se nota que el juego no ha tenido el tiempo de desarrollo suficiente, porque además hay bastantes errores de programación que afectan a la jugabilidad. Es una pena, porque está demostrado que con una licencia como la de Star Wars se pueden sacar títulos más que decentes.
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