Al pobre Mario le toca pringar con todos los problemas de su pequeño mundo. Pero cada vez lo hace de una forma nueva, más original y extraña. Juegos de mesa, deportes... Pues nada, ahora el regordete "caperucito-rojo" tiene que viajar por las tierras del Reino Champiñón convertido en una bola de pinball. No tendría que haberse metido a fontanero, si es que...
En esta ocasión, la excusa para comenzar tan estrambótico viaje es que Peach ha sido lanzada con un cañón al castillo de Bowser. Desde luego, los supervillanos ya no son lo que eran... Claro, el pobre Mario no puede dejar que se lleven a la princesa de nuevo (qué remedio) y, ni corto ni perezoso, estiliza su ya de por sí redondeada figura en una bonita bola y se lanza por los mundos en busca de estrellas.
Y es que el mecanismo de juego recuerda a Mario 64, claro está, salvando las diferencias. Las mesas de pinball tienen puertas que se abren a base de un determinado número de estrellas, por lo que cuantas más tengamos a más zonas podremos entrar. A su vez, en cada uno de los cuatro mundos hay que conseguir unas llaves que nos permitirán entrar al más oscuro de los escenarios, el castillo en el que Peach está presa.
El juego está dividido, por lo tanto, en cinco mundos, cada uno con su jefe final, su ambientación, y sus peculiaridades. Eso sí, no tenemos que imaginar a Mario Pinball como un juego normal de pinball, con grandes mesas y decenas de rebotadores por todos lados. Cada mundo tiene sus "zonas", que caben en la pantalla completa. A través de puertas o agujeros, nos iremos moviento entre ellas. Generalmente, en cada zona hay al menos una estrella, que se consiguen de diversos modos, siendo el eliminar a todos los enemigos el más frecuente.
Por lo tanto, el juego es muy simple en su desarrollo. Menos mal que los elementos típicos de la saga Mario vienen a ayudar, siendo estos las monedas y diversos ítems de gran utilidad. Al matar a los enemigos, aparecerán moneditas amarillas que podemos recoger para luego comprar cosas en las tiendas que Toad tiene por la zona. En ellas conseguimos los objetos que nos ayudarán a lograr nuestros objetivos. Estrellas, rayos, setas, huevos de Yoshi, tuberías... Asimismo, eliminando a varios enemigos a la vez, obtenemos monedas azules, que pueden ser canjeadas por unos divertidos minijuegos.
Por desgracia, este modo, el aventura, presenta un muy serio problema. Cada vez que queramos dejar de jugar, tendremos que guardar la partida. Vale, normal. La cosa está en que si se te olvida, perderás todos tus avances y tendrás que empezar desde cero. Algo sumamente molesto, porque seguro que en alguna ocasión perderás todos tus progresos. Aunque tampoco preocupante, ya que el modo aventura es muy corto, cosa que sí lo es. En una tarde puedes pasarte por casi todas las zonas sin problemas, aunque conseguir todas las estrellas te costará otro ratito más. El juego es bastante fácil, aunque el reto de hacerte con todas las cinco puntas es considerablemente más complejo.
Ahora entiendo eso de Mario Ball
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Los jefes de mundo no suponen un reto, aunque son muy divertidos
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Los minijuegos con muchas bolas son frenéticos
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En este parque empieza todo
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