Jugabilidad
Tail Concerto es una aventura de plataformas y acción en la que también se da bastante margen a la exploración. El desarrollo de juego no encierra ningún misterio; tenemos total libertad de movimientos por unos escenarios en 3D en los que se mezclan de forma equitativa zonas de plataformas, de exploración y de acción. Durante todo el juego, Waffle va montado en su particular
mecha, excepto en algunas zonas contadas en las que se baja y podemos moverle por la ciudad a pie. La acción suele ser el perseguir a los pequeños Chatons (los súbditos de los Chat Noirs), primero disparándoles burbujas para paralizarlos momentáneamente y, acto seguido, atraparles con las zarpas de nuestro
mecha. Por regla general, si capturamos a todos los Chatons de una ciudad, se va desbloqueando el acceso a nuevas aldeas y localizaciones para explorar y descubrir sus secretos, aunque en ocasiones la tarea a realizar puede variar, como por ejemplo buscar algún objeto o a alguien o, simplemente, patrullar alguna zona concreta. Por supuesto, no pueden faltar los jefes finales. Todos tienen su particular patrón de ataque y sus respectivos puntos débiles. No son excesivamente difíciles y sólo requiere estar atentos y averiguar como derrotarlos. Por ejemplo, al primer jefe del juego sólo podemos derrotarlo si le lanzamos las bombas que antes nos tira a nosotros.
El control del
mecha es muy sencillo. Montados en él podemos saltar, correr, andar lateralmente, disparar burbujas y usar las aletas que tiene a modo de brazos para golpear elementos del escenario, recoger objetos y atrapar a los Chatons o a algún enemigo. Para hacer todo esto sólo necesitamos cuatro botoncitos de nada, adaptándonos a la jugabilidad prácticamente al instante. En ciertas ciudades del juego podemos efectuar nuevos movimientos que un mecánico irá acoplando en nuestro
mecha, como la posibilidad de volar durante un espacio de tiempo o disparar cohetes. Como hemos dicho, estos nuevos movimientos sólo los podemos hacer en determinadas ciudades. Por ejemplo, podemos volar exclusivamente en una ciudad que está compuesta por pequeñas islas flotantes y, para alcanzarlas, tenemos que ir volando de una a otra. En las pocas zonas donde manejamos a Waffle sin el
mecha no podemos hacer nada más que caminar (no correr) y hablar con los ciudadanos que habitan en ellas para recopilar información y así acceder a misiones paralelas o secundarias, que no hay muchas, pero ahí están.
Para acceder a las distintas ciudades disponemos de un mapa tradicional donde, a bordo de la aeronave de Waffle, seleccionamos el destino en el que desembarcar. Un detalle de agradecer es la libertad que el juego da al jugador para escoger que ciudad o misión hacer primero, así tenemos la posibilidad de hacer antes una misión más sencilla y dejar para después otra más difícil. Las ciudades y mazmorras que tenemos que explorar son variadas, ya que lo mismo estamos en una ciudad corriente para, después, visitar zonas industriales, cumbres nevadas, todas ellas con un fuerte
look steampunk, además de
anime (como hemos dicho, los diseños de personajes, vehículos y escenarios recuerdan a películas y series de televisión de Hayao Miyazaki, como la añorada
Sherlock Holmes de los años ochenta). Estos escenarios son algo pequeños, y no es que eso sea malo, pero tampoco habría sido mala idea el hacerlos un poquito más grandes, ya que su reducido tamaño provoca que sea algo fácil el explorarlos a conciencia.
Como buen juego de plataformas y exploración, podemos encontrar también objetos ocultos, como unas cajas de color rojo con una estrella blanca dibujada. Al ir encontrándolas todas podemos ir desbloqueando una galería de ilustraciones de los personajes del juego, así como
artwork oficial del mismo. También determinados objetos ocultos aumentan la barra de energía del
mecha de Waffle, volviéndolo más resistente a daños enemigos.
Pese a todo, el juego tiene dos pequeños fallos que empañan la nota final a un juego, por otro lado, sobresaliente. En primer lugar, seis horas bastan para terminarlo, aumentando a ocho horas como mucho si nos ponemos a encontrar todos los objetos ocultos y misiones secundarias. Una duración bastante corta, ya que en dos tardes podemos concluir el juego. Por otro lado, la versión aquí analizada es PAL francesa, por lo que los textos están en francés excepto las voces, que se ha mantenido el doblaje original japonés. Sin un nivel medio de francés el jugador se sentirá bastante perdido en la trama y los diálogos. No existe ninguna versión de este juego que esté en castellano. Como mucho, la versión EE.UU. posee textos en inglés, un idioma algo más extendido y, por tanto, más accesible. La versión japonesa está, obviamente, íntegramente en japonés, por lo que jugar a esa versión es como ver una película con la tele apagada.
Dejando el tema del idioma, que no es un fallo del juego en sí, lo que más fastidia es la corta duración del juego. El desarrollo de la trama, lo divertido que resulta jugarlo y sus personajes, así como la lograda ambientación, hacen que juguemos sin parar y, cuando nos queremos dar cuenta, ya estamos en el final, algo que, encima, entristece. Pocos juegos consiguen que el jugador no quiera completar la aventura, y
Tail Concerto lo consigue. Es prácticamente imposible no encariñarse con sus personajes, su trama y ambientación.