Análisis
Yo también soy el agente Ford
High Voltage Games nos regala una producción de primerísimo nivel que destaca por el potentísimo multijugador
Por satsuinohadou
| Publicado el día 09/07/2009 22:06
La espera ha concluido. Tras la expectación creada desde el E3 2008 y las comparaciones establecidas por la prensa estadounidense, relacionando a este juego con joyas de la talla de Perfect Dark y Goldeneye, hemos tenido la oportunidad de exprimir las virtudes de The Conduit finalizando su modo campaña y disfrutando de su multijugador contra sus propios creadores. Debemos tener en cuenta dos aspectos de vital importancia a la hora de calibrar la calidad del juego. Por una parte tenemos una ausencia prácticamente total de juegos exclusivos pertenecientes a este género y con un enfoque tan centrado en los hardcore gamers. Por otro lado es imposible negar que Metroid Prime 3: Corruption puso el listón en unas cotas casi inalcanzables, aunque el motor gráfico desarrollado por High Voltage Games y las posibilidades de control implementadas elevaban las expectativas por todo lo alto.
No queremos dejar pasar la oportunidad de valorar muy positivamente el esfuerzo que Sega pone en sus producciones para Wii. Se trata quizás de la compañía más ambiciosa si exceptuamos a la propia Nintendo y por encima de cualquier otro detalle se nota que The Conduit ha sido desarrollado con bastante mimo.
Las sensaciones que hemos extraído de The Conduit tras finalizar el modo campaña para un jugador y disfrutar del multijugador online con soporte para Wii Speak frente al equipo de desarrollo han sido contradictorias. No prevalece una opinión que nos lleve claramente en una única dirección. Encontramos grandes virtudes, algunas carencias innegables y otra serie de elementos que lo alejan de la categoría de obra maestra. Pero no adelantemos acontecimientos, vamos a hablaros del argumento de esta aventura en primera persona.
Para la creación de un shooter en primera persona para Wii se ha decidido situar la acción en Washington D.C. en un futuro no muy distante. Comienzan a sucederse catástrofes y desgracias aparentemente inconexas que elevan las dosis de nerviosismo. Desde una crecida de aguas inexplicable hasta la propagación de una misteriosa enfermedad vírica pasando por unos atentados terroristas que amenazan con acabar con las figuras más destacadas del ámbito político estadounidense crean una situación insostenible. El argumento se complicará con la aparición de varias facciones con intereses contrapuestos, como la Fundación. Esta sociedad secreta combina los valores más patrióticos con la tecnología punta que les permite influenciar desde la sombra en cada aspecto de la sociedad moderna norteamericana.
Nuestro protagonista, el agente Michael Ford, comenzará la acción tratando de detener a un terrorista lllamado Prometheus que ha robado un prototipo secreto tecnológicamente muy avanzado. Conforme cumplamos las misiones que nos encargará John Adams, el líder de la Fundación, comenzaremos a cuestionarnos si nos hemos posicionado en el bando correcto. Descubriremos una amenaza alienígena que complica aún más la situación caótica provocada por el virus mediante el cual se consigue controlar a los seres humanos. La Fundación, la facción controlada por Prometheus, los humanos infectados por el virus y los Drudge, los alienígenas con aspecto de insectos que están tratando de colonizar la ciudad desde sus conductos de teletransporte (conduits) conforman una trama arquetípica. Esta historia se nos desgranará a través de unos diálogos que homenajean al códec de Metal Gear Solid y también mediante unas conversaciones de radio que podremos escuchar si interactuamos con los mecanismos indicados.
No esperéis ni un argumento especialmente original ni una trama que cobre un protagonismo superior a la acción. Una vez que conozcamos el desenlace de la aventura y descubramos que irremisiblemente tendremos secuela de The Conduit, sentiremos que todo lo que nos ha relatado no es sino un prólogo de una aventura de unas dimensiones mayores. Como en cualquier largometraje introductorio, se peca quizás de una falta de dinamismo narrativo y en todo caso debemos constatar que se utilizan demasiados clichés del género.