El lanzamiento de The Elder Scrolls IV: Oblivion para PlayStation 3, pese a llegar con un retraso ineludible frente a las entregas de PC y Xbox 360, debe considerarse para los habituales de las plataformas de Sony como todo un acontecimiento y un punto de inflexión. Tanto PlayStation como su sucesora de 128 bits, poseen un notable catálogo de J-RPGs de series clásicas como Final Fantasy, Dragon Quest, Star Ocean, junto a otra serie de producciones puntuales más distintivas, como pudieran ser Vagrant Story, que pese a su indudable calidad, ofrecían una visión sesgada del mundo del RPG.
Reservados inicialmente a los PCeros, la llegada de la Xbox original permitió recibir títulos del calibre de Star Wars: Caballeros de la Antigua República, Jade Empire, Fable, o The Elder Scrolls III: Morrowind, descubriendo a los consoleros unos ambientes medievales de espada y brujería, fantasía épica que rezumaba la influencia de Tolkien o Margaret Weiss y Tracy Hickman, creadoras de la serie Dragonlance. Disponíamos además de una libertad sin parangón para evolucionar personajes, personalizando su aspecto, habilidades, orientación respecto al bien o el mal, que fueron toda una revelación para un grupo amplísimo de usuarios. Para que negarlo, PlayStation 2 se quedaba corta en potencia gráfica y capacidad de gestión de entornos como los de los títulos de BioWare, Obsidian o Bethesda, y en ningún momento se llegó a plantear su conversión. Los únicos atisbos de lo que podríamos considerar como rol occidental los encontrábamos en los clones de Diablo, como Baldur's Gate: Dark Alliance y su secuela, o la serie Champions of Norrath, hack'n' slash o Dungeon RPG que palidecían en profundidad y falta de linealidad frente a las mencionadas obras de Xbox.
No todo fue un camino de rosas en la adopción de las consolas de los RPGs occidentales típicamente PCeros. Juegos como The Elder Scrolls III: Morrowind, llegaron en un correctísimo inglés, tanto a nivel de doblaje, como de textos, algo sangrante si tenemos en cuenta la ingente cantidad de textos que podíamos encontrar a lo largo del juego. De esta forma se dificultó sobremanera la adaptación de los usuarios consoleros a este tipo de títulos, que en el caso de la producción de Bethesda, muy por encima del Fable de Lionhead o los juegos de BioWare y Obsidian, era bastante complicada debido a un sistema de juego que no hacía concesiones desde sus inicios, ofreciendo una falta de linealidad que podía perder por el camino a los usuarios más inexpertos.
Pese a todo, el listón de Morrowind en su versión Game of the Year, que incluía las actualizaciones BloodMoon y Tribunal, repleto de galardones al mejor RPG, e incluso juego del año, unido al potencial técnico de la nueva generación, hacía prever un desarrollo eterno hasta poder recibir algo que superara notoriamente al mencionado Morrowind. La prueba de fuego llegó en marzo de 2006, casi cuatro después de la aparición de Morrowind en PC, con el lanzamiento de The Elder Scrolls IV: Oblivion para PC y Xbox 360. Las diferencias técnicas entre ambas versiones, comparando un PC de más alto nivel, con la entrega de la segunda doméstica de Microsoft, fueron apreciables, pero aún así, el acabado de Xbox 360 consiguió elevar con creces el nivel de los RPGs occidentales aparecidos en consola. El margen existente entre la salida de Xbox 360 y la llegada de PlayStation 3 provocó que fuera apareciendo actualizaciones del juego, como Knights of the Nine, así como paquetes de descarga con nuevos elementos, accesibles mediante pago.
Casi un año después de que Bethesda sorprendiera a propios y extraños con Oblivion, los usuarios de PlayStation 3 pueden echarle el guante. Indudablemente partimos con el hándicap de recibir una conversión de un juego con un año en el mercado, pese a traer de serie la expansión Knights of the Nine, que no los mencionados packs adicionales, ni mucho menos la reciente expansión Shivering Isles, quizás el mayor lunar del juego. Este hándicap, como hemos querido demostrar a lo largo de toda esta charla no debe aplicarse de forma tan estricta como en otros casos, ya que el usuario de plataformas de Sony no ha tenido la oportunidad de acceder a un producto de esta tipología, por lo que aún un año después, seguimos considerando este lanzamiento como un punto de inflexión dentro de la trayectoria de las consolas de Sony.
Entrando ya de lleno en el análisis formal de Oblivion, pasemos a ofreceros las pinceladas que definen el arranque argumental del título. El lugar es Tamriel, un país amenazado de muerte ante la caída de la línea regente afincada en la provincia de Cyrodiil, situada al este de Morrowind, y dominada por la ciudad imperial. Uriel Septim VII es el anciano rey de Tamriel, venido a menos por el paso del tiempo, y por tener que soportar la enorme tensión de ver con sus propios ojos el horror de las puertas de Oblivion. Nuestro personaje es un desvalido preso que asistirá involuntariamente al ataque a la familia real, y al propio rey, dentro de las mazmorras que sirven de morada a nuestro héroe.
En un tutorial donde se nos indican las maniobras básicas de supervivencia del juego, asistiremos a la caza por parte de unos misteriosos enemigos del regente, terminando con la total aniquilación de la estirpe real, a excepción de un anónimo vástago al que deberemos buscar fuera de los límites del castillo para entregarle la preciada posesión otorgada por Uriel, El Amuleto de los Reyes. Esta joya familiar permitiría a un heredero legítimo cerrar las puertas del infierno, o sea, Oblivion.
De esta forma, nuestra aventura comienza formalmente con la salida de las alcantarillas y galerías bajo las mazmorras, buscando al misterioso heredero a la corona, para ofrecerle el instrumento que ponga límite al asedio de las fuerzas del averno, que tratan de acabar con Tamriel abriendo los portales de Oblivion. De estos portales emergen las figuras de los Daedra, príncipes del infierno.
El argumento de Oblivion, pese a su profundidad y emoción, constituye tan sólo un delgado hilo conductor que se pierde entre la inmensidad que se nos abre delante nuestro. La serie The Elder Scrolls se caracteriza por tratar de acercarse lo máximo posible a unas posibilidades infinitas, ser quien nosotros decidamos ser, vivir una vida en otro mundo, lo más real posible, y especialmente misiones alternativas de gran magnitud y enorme variedad que consiguen que resolver la trama argumental pueda llegar a ser algo anecdótico dentro del global del producto. Oblivion es el máximo exponente al respecto dentro de la saga, pese a que algunos puedan considerarlo como una evolución tecnológica de Morrowind, respetando su filosofía. Las cifras que alcanza Oblivion, tanto de extensión, duración, como posibilidades, lo convierten en un juego único, no sólo dentro del catálogo de PlayStation 3, si no de su género.