Todo esto provoca que el juego no sea excesivamente difícil de completar, y menos aún en manos de jugadores experimentados. El poder reaparecer tantas veces como queramos y el hecho de que los enemigos abatidos no vuelvan a aparecer hace que sea complicado llegar a atascarse. Aunque hay que tener cuidado, porque si caemos varias veces en un mismo tramo, podemos perder el último lugar tomado y tener que empezar en un punto de control más lejano, pero rara vez eso será una dificultad, porque como decíamos, los enemigos abatidos no reaparecen y la cosa es tan sencilla como regresar al punto de control perdido.
Al margen de eso, no estaremos solos en el campo de batalla. Junto con el héroe que hayamos seleccionado, irán hasta cuatro soldados de infantería que nos echarán una mano. En principio, nuestro pelotón nos seguirá, pero podemos ordenarles distintos tipos de acciones, como asalto, ataques cuerpo a cuerpo o uso de gas lacrimógeno. Estos soldados pueden caer, pero podemos recuperarlos usando la opción "destrucción a la carta". ¿Y en qué consiste esto? Destrucción a la carta es un sistema que Relic se ha sacado de la manga para otorgar al juego una mayor variedad de acción y cierto componente estratégico.
A lo largo del juego, matando enemigos y tomando las posiciones de los nazis, iremos ganando créditos que podremos invertir en "Destrucción a la carta". Esta opción es tan simple como un menú circular desde el que podemos adquirir nuevas unidades para el combate, de entre las que estén disponibles, claro. No sólo podemos recuperar a los hombres caídos en la batalla, también podemos colocar puestos de ametralladoras o conseguir vehículos, como jeeps, unidades antiaéreas, carros blindados, orugas o tanques. Una vez seleccionada la unidad que queremos, aparecerá un avión y la dejará caer en el punto que hayamos indicado. Otra forma de conseguir vehículos es robándoselos a los nazis, una opción más barata, y a veces con transportes más interesantes, como trenes. Finalmente, también es posible usar destrucción a la carta para solicitar un bombardeo al punto que indiquemos, ideal para destruir grandes obstáculos. La cantidad de opciones disponibles en opción a la carta irá aumentando al tiempo que progresamos en el juego, hasta conformar una cantidad importante de unidades a nuestra disposición, unas 30, aproximadamente.
El uso de vehículos es casi una constante en The Outfit. No sólo porque mejoran nuestra capacidad de destrucción, también porque los daños los recibirá el propio vehículo, y no nuestro protagonista. Los daños provocados se pueden reparar invirtiendo créditos. Aunque hay que tener en cuenta que para aprovechar al máximo los vehículos hay que disponer de un pelotón completo de cuatro soldados, para poder repararlos y poder usar el armamento que llevan montados. La contrapartida de los vehículos es que tienen un control demasiado duro, que van independientes de la cámara, y a veces sucede que nos podemos quedar encallados en algún punto de los escenarios mientras recibimos disparos desde todos sitios.
Por lo demás, el juego es un arcade puro y duro que no busca realismo ninguno, como alguno ya habrá podido deducir. Se trata de un mata-mata al estilo de las antiguas recreativas con algún toque de estrategia, en el que la ambientación de la Segunda Guerra Mundial es algo anecdótico. Basta decir que tenemos munición ilimitada para las armas y los vehículos, y que los enemigos necesitan varios disparos para morir. Los vehículos enemigos no se destruyen de forma realista, sino que tienen una cantidad de salud determinada que podemos hacer bajar incluso con simples balazos. The Outfit es un juego de acción sin complicaciones, no esperéis el realismo de, por ejemplo,
Call of Duty 2, porque es un título con pretensiones muy diferentes.