Me pitufa ser pitufo
Cuando nos imaginamos un juego sobre los pitufos, pensamos en un juego fácil para los pequeños de la casa, nunca esperamos ver un juego complicado, y mucho menos uno interesante para aquellos a los que les gusten los retos, nada más allá de la realidad en este caso. Empezamos manejando a un pitufo cualquiera, (un pitufo-tipo azul con gorra y pantalones blancos, nada de poder usar a Papá Pitufo o a Fortachón o a Gafitas, por decir a tres de los más representativos) sin saber nada de por qué debemos irnos del poblado ni por qué vamos tras Gargamel. Hasta el final no descubrimos a quién debemos rescatar, que tal como indica el título es a Pitufina, que ha sido secuestrada por el malvado brujo.
Tenemos cuatro escenarios para recorrer: el bosque de los pitufos, una pradera, una cueva y la casa de Gargamel. El pitufo avanza en línea recta y se encuentra diferentes obstáculos que debe saltar, ya sea una valla, una piedra o un pozo. La manera de evitar a los enemigos, que suelen ser animales como arañas o murciélagos, también es saltar o agacharse, según el caso. De hecho, la acción de saltar/agacharse, que se realiza con el mismo botón, es la única que se hace en todo el juego. ¿Qué pasa si no saltamos bien o no nos agachamos a tiempo? Pues que el pitufo muere, simplemente se cae al suelo y debemos volver a empezar desde el último cambio de escenario.
Hasta ahora todo parece fácil, pero aquí acaba la parte simplona de la aventura, y es que el control está terriblemente mal encajado, lo que nos deja un juego muy difícil: si al hecho de que cualquier cosa que rocemos nos puede matar sumamos el hecho de que el salto está muy mal conseguido (casi se puede decir que es un salto vertical con un leve movimiento adelante) y que no se produce siempre como esperamos, fácilmente nos podemos desesperar con una simple valla (no, el pitufo ni la rodea ni la abre) o una planta (debe de tener muchos pinchos), dos elementos que se pueden convertir en nuestra tortura e impedir que acabemos el juego. Y si tenemos en cuenta, retomando la simplicidad, que el juego no es precisamente largo (no tiene ni veinte pantallas), ya podemos prever que estamos ante uno de los juegos más difíciles de la historia, o como mínimo ante una de las peores curvas de dificultad.
El apartado gráfico no tiene nada que reprochar, y es que aprovecha la mar de bien la escasísima potencia de una Colecovision. Cada pantalla tiene una variedad de colores amplia (llegan a aparecer hasta siete colores a la vez), y aparte ninguna pantalla es igual del todo, ya que siempre hay variaciones y además son aleatorias. No se puede memorizar el mecanismo del juego porque es diferente en cada partida, es decir, los elementos que hay que sortear aparecen en diferentes lugares y los bichos que hay que esquivar aparecen o no y pueden tardar más o menos en empezar a moverse... El sonido es otro cantar, la consola no era nada bueno, por no decir que era mejor jugar a sus juegos sin volumen, con lo cual, por mucho que quiera, el título tiene un apartado sonoro pésimo. Los pitidos que conforman la melodía cansan y los efectos no distinguen un vuelo de un salto o de una muerte, así que poco cabe decir aquí.
Pituflusión
Bueno, pues estamos ante el primer juego de los pitufos de la historia, y de hecho si no llega a ser porque está protagonizado por ellos, no se hablaría de él. Estamos ante un juego muy corto que usa la extrema dificultad para alargar su vida jugable, y mucho nos tememos que no es un procedimiento acertado. Es una lástima, porque el apartado técnico no está nada mal. Con un control mejor ajustado estaríamos hablando de una aventura digna de los pequeños seres azules que tantos buenos ratos nos han hecho pasar delante del televisor.
Viciojuegos.com da las gracias a
Hardcore Gamer por el préstamo del juego y de la consola.