Análisis
En busca de su verdad
Sam Fisher regresa como nunca antes lo habías conocido.
Por Álvaro Sánchez Estévez
| Publicado el día 13/04/2010 22:53
Tras ver el primer vídeo anunciado en 2007 de lo que iba a ser el nuevo Conviction, muchos de nosotros dimos a Sam Fisher por muerto. Unos nos cabreamos (mucho, para que negarlo), otros lloraron e incluso conozco gente que prendió las anteriores entregas de la saga Splinter Cell. Y es que no son de extrañar tales reacciones al observar que el mejor espía de Third Echelon se había convertido en lo que menos esperábamos: un hombre tan abatido tras la pérdida de su hija Sarah que había descuidado su fachada hasta límites insospechados, confundiéndole incluso con un indigente que pide una ayuda en la puerta del Opencor. Apuesto a que además de la mala pinta que tenía la redirección de la saga (con un protagonista que lanzaba ordenadores, sillas y demás artilugios sobre sus enemigos), la decisión de paralizar el proyecto se tomó a raíz de la cantidad de críticas que llovieron en forma de escritos sobre la compañía gala, culpable de haber mancillado un nombre que había dejado huella en la anterior generación. Culpable, al menos, hasta que se demostrase lo contrario.
Hasta el pasado E3 no volvimos a ver al agente secreto en acción en un trailer que caló hondo entre los asistentes. En él se pudo observar a un Sam Fisher mucho más rápido y letal de lo que nos tenía acostumbrados, mientras que la acción tomaba el papel protagonista junto al sigilo. La cosa prometía... Hoy, casi un año después, ya lo tenemos en nuestras manos, y a dos días de su lanzamiento todo jugador se hará la misma pregunta: ¿habrá merecido la pena la espera? Echemos juntos un vistazo para observar cuántas sombras oscurecen este Splinter Cell: Conviction.
La pérdida de un ser querido
Splinter Cell: Conviction continúa la historia de la saga, sin pararse a explicar acontecimientos previos, ya que estos se desvelan mediante sucesivos flashbacks que transcurren a medida que vayamos avanzando en la trama, como en muchas de las series de éxito norteamericanas, a las que Ubisoft parece hacer un guiño continuo. Nadie se sentirá marginado, ni los incondicionales de Fisher que se mueven en las sombras en posición de cuclillas incluso para entrar a la chica de la discoteca, ni aquellos jugadores que no hayan tenido oportunidad alguna de probar los anteriores Splinter Cell. Todo está bien hilado para comprender lo que ocurre sin necesidad de tener que acceder a extensa bibliografía externa o rejugar los primeros títulos del espía más irónico de los videojuegos.
Todo comienza en la ciudad Valetta (Malta), donde Fisher se encuentra tomando café en una terraza de un chiringuito cuando uno de los camareros se aproxima a su mesa comunicándole que tiene una llamada a la vez que le entrega un terminal con su correspondiente manos libres. Es Grimm, segunda de a bordo de Third Echelon y ex compañera de Fisher cuando trabajaba en la agencia junto a Lambert, quien le advierte de la presencia de enemigos que van en su búsqueda. Sam busca cobertura lejos de los civiles y a partir de aquí la cosa comienza a ponerse interesante, ya que tras un interrogatorio poco ortodoxo conseguimos la ubicación de Andriy Kobin, quien parece alardear de ser el asesino de Sarah, la hija de Sam, años atrás. Fisher busca respuestas.