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Tomb Raider Underworld
Tras los pasos de un dios
Como muchas veces nos han intentado hacer creer, Lara Croft no fue la primera mujer del mundo de los videojuegos, pero sí tuvo el honor de sentar las bases de un género. La exploración adquirió una nueva dimensión (nunca mejor dicho) con el primer Tomb Raider, un juego que todavía tenemos grabado a fuego en la memoria. La segunda entrega también encandiló a los jugadores, la tercera quedó un tanto desdibujada y, de no ser por Chronicles, el ciclo habría terminado con el soberbio The Last Revelation, que por primera vez ponía a la arqueóloga en un contexto invariable: Egipto, nada menos.
El retorno se hizo de rogar y por fin Lara dio el salto a la siguiente generación. Todos nos quedamos de piedra ante la jugabilidad rebelde de El ángel de la oscuridad, que intentó adaptar la filosofía a los tiempos que corrían con un control relativo a la cámara del que se podría decir de todo menos halagos. Una lástima, ya que no dejaba de tener propuestas interesantes como un nuevo personaje al que manejar (Kurtis Trent, caído en desgracia) y una historia más profunda.
Pero no todo estaba perdido. Legend recuperó parte del esplendor de antaño y Anniversary se perfiló como una versión excelente del clásico en los últimos estertores de los 128 bits. Diez años después y como el primer día. Ahora, por fin, tenemos entre manos Tomb Raider Underworld, octava entrega para consolas de sobremesa y primera entra de cabeza en la generación actual. En este análisis vamos a valorar la versión de PS3 e intentar responder la pregunta: ¿Consigue mantener el listón?
Underworld es una continuación directa de Legend, pero por suerte el disco incluye un vídeo que explica de forma concisa los acontecimientos más relevantes de las partes directamente anteriores. Los que un día se desconectaron de la saga no tienen excusa; los neófitos tampoco.
El juego empieza con una escena digna del mejor cine de acción en la que vemos explotar la mansión Croft a cámara lenta con música operística de fondo. Lo curioso es que parece que es la mismísima Lara quien activa el detonador, lo que despierta la suspicacia de Zip ante la mirada atónita de Winston, el mayordomo. De repente el jugador descubre que se trata de un adelanto de los acontecimientos y la acción vuelve unos días hacia atrás, con la señorita Croft en uno de sus viajes.
En este punto la trama se conecta con Legend. A bordo de una embarcación privada en medio del Mediterráneo, Lara se zambulle en busca de Ávalon, tal y como le dijo Amanda. No tarda mucho en encontrar unas ruinas que conducen a Nifleheim, el inframundo nórdico, lugar en el que encuentra un artefacto mítico: el guantelete de Thor, prueba de la existencia del martillo que puede segar la vida de un dios.
En una aventura que lleva a Lara tras los pasos de su padre y a descubrir la verdad que hay tras la desaparición de su madre, nuestra amiga se topará de nuevo con viejos conocidos y el destino querrá que vaya en busca de pistas por todos los rincones del globo. No queremos desvelar más de la cuenta, pero con el juego bien pulido podemos decir que la historia empieza con fuerza, mantiene el ritmo unas cuantas horas y se desinfla progresivamente hasta alcanzar un clímax que, si bien es satisfactorio, no acaba de cumplir con las expectativas.
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