Análisis
Tras los pasos de un dios
Lara Croft vuelve con una entrega pensada para los fans de la saga.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 25/11/2008 07:11
Queremos hacer especial hincapié en la grandiosidad de los niveles. Si bien todos ellos son un alarde arquitectónico, nos quedamos con Xibalbá, México, donde Lara tiene que ir de un lado a otro con su preciosa moto negra para resolver un acertijo maya sencillamente espectacular. Aunque visto de otra forma el templo de Tailandia tampoco se queda atrás. Ni el nivel final. Suponemos que os habéis hecho una idea de lo que depara el título. Si uno se queda atascado siempre puede recurrir al sistema de pistas de menú, que ofrece indicaciones esclarecedoras pero no obvias. Todo un acierto.
Tomb Raider Underworld dura más o menos lo mismo que casi cualquier otro lanzamiento, aproximadamente diez o doce horas, cifra que puede variar según la habilidad del que se pone al mando. No es mucho, pero por suerte cada nivel tiene un gran número de secretos por descubrir, todo un aliciente para los exploradores empedernidos que no quieran dejarse un solo extra sin desbloquear. De hecho, al pasarse el juego aparece un modo en el que los puzles ya están resueltos y lo único que hay que hacer es ir a la caza del tesoro. Sin embargo, en un juego de este tipo echamos en falta los trofeos, una pena. Quién sabe si se añadirán más adelante. Parece que en 2009 ya no tendremos que volver a quejarnos de esto.
Ya en términos de jugabilidad, tenemos que decir que el control de Lara es sencillo y preciso. Sin ánimo de convertir el análisis en un manual de instrucciones, basta con decir que dos o tres de botones son suficientes para hacer hasta el salto más ajustado. A menos que uno se equivoque de botón y caiga al vacío (ya advertimos, principal causa de muerte en el juego) no tiene de qué preocuparse, siempre que Michael Bay posea a la cámara y ésta pierda el control, por supuesto. Sin ser nefasta, muchas veces se las ve y se las desea para ofrecer una perspectiva aceptable en espacios reducidos. En ocasiones hemos contemplado atónitos cómo enfoca a Lara desde el tobillo a los pies cuando está de espaldas a la pared y subida en un saliente. Tampoco queremos ponernos demasiado dramáticos, a pesar de todo la jugabilidad llega al notable con cierta holgura.
Acabamos de mencionar que el vacío es el mayor enemigo de Lara. ¿Esto quiere decir que uno debe repetir miles de veces gran parte del nivel hasta que le salen las cosas a derechas? Sí y no. A veces hacen falta unos cuantos intentos para conseguir lo que uno quiere, pero los puntos de control son lo suficientemente frecuentes como para que la experiencia no resulte frustrante. Un sonido de campanillas nos indica cuándo hemos atravesado uno de estos puntos y podemos respirar con tranquilidad.
Suponemos que a estas alturas no hace falta decir que Lara es una tiradora de primera. Al principio de cada misión podemos escoger un arma secundaria (ametralladora, escopeta, arpón) que acompañe a las emblemáticas pistolas y el atuendo que queramos. La munición no es un problema en Underworld, las armas incorporan de serie más de la que nos va a hacer falta. La mecánica de combate no ha experimentado grandes variaciones: con un gatillo se fija el blanco de forma automática y con el otro se dispara. Ya hemos dicho que no se trata de un juego de acción, pero se podría haber depurado un poco el sistema, que no dista mucho del que ofrecían las primeras entregas de la saga. Al menos se ha hecho el esfuerzo de incorporar un ataque cuerpo a cuerpo, eso sí, de dudosa utilidad. Lo mismo se puede decir de las granadas teledirigidas.