Análisis
Al gusto del señor Bay
Transformers vuelve a la gran pantalla y también a la de casa, que para eso están los videojuegos.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 07/07/2009 02:38
No hablamos de que Ratchet sea más ágil que Ironhide, eso es evidente, sino de que cada mech tiene una transformación y unos ataques a larga distancia definidos. Todos tienen un disparo normal y uno secundario, que puede ser una granada, misiles teledirigidos y hasta un lanzallamas, posiblemente la mejor opción de ataque, ya que los adversarios son bastante rápidos y a veces cuesta atizarles un buen puñetazo, sobre todo si están en una azotea y hay que escalar el edificio para darles cera. Por otra parte, los Transformes se convierten en vehículos terrestres o aéreos, entre ellos camiones, remolques, aviones, helicópteros y un precioso Audi R8 con una fluidez envidiable.
El control a pie es extremadamente sencillo porque recae en saltar, trepar y golpear con diferente intensidad, además de apuntar y disparar como en cualquier shooter. En cambio, no se puede decir lo mismo del manejo de los vehículos. Verán, se han tomado unas cuantas decisiones más que cuestionables en lo referente al control, y por desgracia no hay forma de librarse de ellas. Las maniobras normales de un vehículo como acelerar, frenar, tirar de turbo o disparar (bueno, un Ford Fiesta no lleva ametralladoras, pero Optimus Prime sí) están a una pulsación de botón o gatillo, mientras que los mejores movimientos ofensivos y de emboscada exigen gestos más complejos. Tener que mantener pulsado un gatillo y un botón para después soltar el primero no nos parece la forma más lógica de adoptar la forma de robot gigante y embestir al malo o bueno de turno. Tardaremos mucho en acostumbrarnos, de hecho es posible nos quedemos vendidos más de una vez al no seguir correctamente la secuencia. Es una pena, porque precisamente los ataques asociados a la forma de vehículo son los que permiten al jugador abordar los combates de varias formas. Al final uno se limita a repartir bofetadas y pegar misilazos, siempre que las armas de fuego no se sobrecalienten y tengamos que soltar a ratos el gatillo. No obstante, las ruedas y las alas están bien para huir de situaciones comprometidas, perseguir a los objetivos o buscar un sitio seguro en los nada destacables escenarios donde recuperar rápidamente la salud, siempre que la cámara no intente imitar la que tanto le gusta al director de la película. No es especialmente floja (tampoco una maravilla), pero se las puede ver y desear para seguir la acción y las explosiones cuando estamos en una calle estrecha o recorramos una pared inclinada con el motor a tope.
Cada Transformer tiene, además, una habilidad única que le puede dar mucha ventaja en la batalla y que se puede activar cada cierto tiempo. Algunos se recuperan, otros aturden al enemigo, otros colocan torteas para tener fuego de apoyo cuando las cosas se ponen feas... El as en la manga es la megacarga, representada por una barra que se llena a medida que convertimos a los oponentes en hierros. Una vez está a tope sirve para liberar un poder adicional que hace de nuestro Transformer más poderoso en todos los sentidos.
El sistema de evolución del personaje también está presente. Al eliminar a los enemigos y cumplir objetivos secundarios de la misión (generalmente, utilizar una ataque específico un número determinado de veces) obtenemos energón, que es básicamente la fuente de energía que nos da acceso a las mejoras. Afectan a todo lo que se puede esperar (menos calentamiento de las armas, más fuerza, más vida para el robot, menos tiempo de recarga para las aptitudes especiales, etcétera), y más nos vale conseguir mucho, porque cada mejora tiene tres niveles de coste cada vez más elevado. También conseguimos energón adicional cuando el juego echa cuentas del porcentaje de puntería y los objetivos cumplidos en cada misión.