
|
Tropico 3
¡Assssssúuucar!
Si se hiciera una encuesta entre la población sobre los zonas preferidas para pasar unas vacaciones ideales, uno de los triunfadores sería sin duda el Caribe. El cálido océano americano se ha convertido en un destino turístico masivo en el que hordas de visitantes ávidos de sol, playa y algunos placeres de dudosa reputación se agolpan en sus complejos hoteleros de cinco estrellas con todo incluido. Ahora toca hacer el ejercicio de imaginar un archipiélago virgen, con un montón de posibilidades para explotar, con una conciencia democrática bastante floja y una legión de dictadores megalómanos que intentan sacar provecho de los recursos naturales y la privilegiada situación de su insignificante islita en plena Guerra Fría.
Este es el punto de partida de Tropico 3. Para esta tercera entrega, la saga vuelve a sus cauces originales tras sus escarceos con los piratas para ponernos en la piel de un dictador de una pequeña isla caribeña que pretende convertir su trozo de piedra en medio del mar en una economía rica y próspera que progrese paralelamente a su cuenta secreta en Suiza. Ya se sabe que una de las tareas principales de todo dictador es ser derrocado, a pesar de que unos pocos hayan fracasado en este aspecto a lo largo de la historia. Hay que guardar un modesto patrimonio para cuando nos echen.
Con esta introducción ya se puede dilucidar claramente el tono desenfadado y divertido del juego. Ya en el primer paso antes de empezar una partida deberemos escoger la personalidad de nuestro dictador, que afectará decisivamente a la sociedad de nuestra isla y a su desarrollo económico. Además de algo tan banal como su nombre y su aspecto físico, deberemos escoger otras características que sí que incidirán directamente en nuestras relaciones con las distintas facciones de la isla, en la producción de nuestras fábricas o en el atractivo turístico de nuestra isla.
Por poner ejemplo, habrá que seleccionar cómo hemos llegado al poder. Podemos elegir haber ganado unas elecciones libres (algo que no garantiza que las siguientes lo sean, por supuesto) o simplemente haber dado un golpe militar para echar al anterior gobernante. Nuestro dictador tendrá dos virtudes y dos defectos que afectarán al juego. El hecho de ser un general del ejército nos dará puntos ante los militares, pero ser feo disminuirá de manera importante los turistas que llegarán a la isla. Si no tenemos ganas de crear un personaje o somos un poco mitómanos, en el juego aparece un auténtico all-star de dictadores latinoamericanos reales. Desde Fidel Castro a Eva Perón, podremos encarnar la figura de tan ilustres personajes para llevar a nuestra gloriosa patria a la victoria.
A pesar de su planteamiento desenfadado, una vez entramos en juego, nos encontramos ante un juego de gestión de ciudades realmente completo y profundo que requerirá de toda nuestra atención para no hundirse en la miseria económica. No es cuestión de ir colocando edificios sin ton ni son en cualquier parte de la isla. La economía sólo podrá crecer a partir de una base estable, que se consigue mediante la exportación de productos agrícolas y materias primas en general. La buena marcha de nuestra isla provocará la llegada de inmigrantes que cubrirán los puestos de trabajo vacantes pero que también necesitarán un lugar donde vivir, una iglesia donde rezar y un médico que les cure.
Cada ciudadano tendrá sus necesidades individuales que se relacionan directamente con sus circunstancias vitales. Si se pone enfermo y no hay ninguna clínica en la isla, se molestará y se manifestará contra el gobierno. El sueldo que cobre en su trabajo también puede influir en su estado y en sus ganas de trabajar, cosa que puede repercutir directamente en la producción. Cuando el descontento sea demasiado alto, empezarán a crecer grupos rebeldes que pretenderán hacerse con el poder en la isla. Hay diferentes estilos de mantener a la población controlada. Se pueden satisfacer sus necesidades o bien se puede montar un estado policial en el que los militares campen a sus anchas para aplastar cualquier atisbo de rebeldía. Las dos cosas son igualmente gratificantes.
|

|