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Para completar aún más la variada oferta jugable, accedemos a un par de secuencias distintivas bastante atractivas. En una frenética fuga, que nos recuerda en cierta manera al final del primer Metal Gear Solid, Elena conducirá un todoterreno mientras Nathan se hace cargo de una potente ametralladora con la que debemos abatir a los vehículos y obstáculos que nos persigan o se nos interpongan. Esta secuencia de acción y disparos sobre raíles resulta bastante interesante, aunque personalmente preferimos la otra secuencia distintiva: el control sobre la moto acuática. A lomos de una potente moto de agua, Elena debe disparar a los enemigos, moviendo su mira con el stick analógico derecho, mientras que Nathan influye en la dirección y velocidad de la moto. Debemos lidiar contra la corriente del agua, contra los barriles explosivos que nos amenazan, así como con los enemigos que nos asaltan desde la linde del río que conduce al monasterio, o en la colonia española abandonada.
El equilibrio jugable de Uncharted: El Tesoro de Drake se basa en intercalar secuencias de disparos frenéticas, exploración, plataformas, y muchísimo más puntualmente estas secuencias distintivas. Aderezadas por infinidad de secuencias cinemáticas de enorme calidad que nos desgranan el argumento del juego, el título goza de un aspecto totalmente cinematográfico. La acción, el enfoque de las cámaras, la ausencia de indicadores en pantalla, salvo casos muy puntuales, el diseño de las acciones y las mencionadas cinemáticas realizadas con el motor del juego, consiguen que nos encontremos ante un espectáculo visual y jugable a la altura de las mejores producciones de Hollywood.
Disponemos de un desarrollo dividido en capítulos, y además disponemos de infinidad de puntos de control que no dificultan en exceso el progreso. En el nivel de dificultad Normal, el intermedio de los tres disponibles inicialmente, sólo encontramos dificultades de cierta consideración en el último tercio de la aventura. Es a partir de nuestra llegada a la colonia española abandonada cuando encontramos ciertos segmentos del juego donde los puntos de control están más separados, lo que complica un poquito el llegar hasta el siguiente.
Un aspecto muy interesante de Uncharted, y que le dota de un carácter bastante rejugable, es el de los logros, o medallas. Encontrar las reliquias ocultas por el escenario, que también nos recuerdan a los clásicos Tomb Raider, ejecutar un número determinado de muertes con un arma en particular, encadenar muertes de un tipo en concreto, como sigilo, cuerpo a cuerpo, colgados de un saliente, disparando desde la cadera sin apuntar, así como realizar cierto tipos de acciones muy determinadas, nos otorgan ciertos extras interesantes.
Podemos acceder a galerías de imágenes de desarrollo, una buena cantidad de Cómo se hizo, y material de producción. Localizar las reliquias, y especialmente completar los logros, nos invitan a rejugar el juego. Nuestra mayor soltura a la hora de manejar los tiroteos y combates, que nos permite realizar una buena variedad de acciones, y disfrutar del ágil control, subir la dificultad del juego para afrontar retos aún más serios, y degustar cada detalle de los espectaculares y variados entornos también son argumentos que nos permiten volver a disfrutar de los encantos de Uncharted. En nuestra primera pasada para completar el juego hemos tardado unas quince horas, sin atascarnos en ningún momento en puzles, y con no demasiadas dificultades en enfrentamientos, quizás únicamente relacionadas con la sorpresa que conlleva el Dorado, o con la cripta que encierra su ubicación.
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