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VIKING: Battle for Asgard
Testosterona nórdica
Odín, padre de todos, nos contempla desde su trono hlidskjalf, en la bella Asgard. En Midgard, nuestro planeta, ha empezado a germinar el virus de la guerra. El Ragnarok, o el Apocalipsis como también es conocido, es inminente, y desde el Valhalla los caballeros asgardianos caídos velan armas para la confrontación final. El fin de todo se acerca, dioses y hombres se enfrentan a sus destinos de la única manera posible: luchando a vida o muerte. Abre el último barril de aguamiel y pasa esta última noche con tu mujer, porque seguramente nunca más volverás a verla.
La Asamblea Creativa
The Creative Assembly son los brillantes desarrolladores del enésimo intento de crear una experiencia bélica masiva. Compañía británica que surgió a principios de los noventa, haciendo conversiones de PC a otras plataformas como el Amiga y el ZX Spectrum. Tras sus grandes comienzos en los juegos de estrategia para PC, donde la saga Total War es una institución con sus variantes Medieval, Rome y Shogun, dieron el paso a las consolas tras su adquisición por parte de Sega por un valor cercano a los 30 millones de dólares. Dicho binomio provocaría que la estrategia se tornase en acción pura y dura en su primer título desde la absorción: Spartan: Total Warrior.
Su primer producto en esta nueva etapa resultó ser un brillantísimo juego multiplataforma (que debería ser recuperado como descarga de LIVE) y nos adelantaba hace un par de años toda la fiebre que la película y el cómic de 300 nos trajo. Vibrante y sangriento, sacrificaba una mayor resolución de texturas en favor de una mejor suavidad y un alto número de elementos en pantalla. Batallas gigantescas, multitud de soldados y caos a mansalva como base para un juego que no despegó en las ventas, pero que dejó satisfecho a todos los jugadores. Ahora cambian de registro, buscan la épica en la tradición escandinava y por Odín que lo han conseguido.
Dioses y monstruos
El trasfondo histórico en el que enmarcar un videojuego termina por estigmatizar gran parte del proceso productivo. Elegir una época conocida para situar el contexto de un videojuego, puede provocar que conozcamos ciertos aspectos de la trama y el devenir de acontecimientos. El giro de tuerca que se dé en su gestión puede resultar decisivo para el éxito del título, como es el ejemplo de God of War, que está basado en la mitología greco-romana pero desde un punto de vista desgarrador y violento, provocando cierto desconocimiento por parte del jugador que reconoce aspectos, pero no desde esa nueva perspectiva, incentivando su curiosidad, y dejando a un lado los clichés preestablecidos, como ocurría en las películas de romanos de los años 50 y 60. Ahora la sangre y los fatalities sustituyen a los clásicos en cinemascope.
Hace poco pudimos ver unas pinceladas de la cultura nórdica en Beowulf, película y videojuego, y en breve disfrutaremos de una visión futurista y alternativa de la misma en el eterno (porque nunca sale) Too Human. Odín Sphere y Valkyrie Profile 2 en Playstation 2 han bebido de estas fuentes para ofrecer recientemente dos grandísimos juegos de rol. Marvel y su gurú espiritual Stan Lee querían contar las andanzas superheroicas de un dios, pero conscientes del revuelo que podían crear, adoptaron por uno que no tuviese en la actualidad seguidores y el elegido resultó Thor, quien se convirtió en un nuevo personaje de la compañía junto a todo lo que rodeaba a su historia y volvía a poner a esta mitología en primera fila de actualidad. Dentro de poco tendremos película y adaptación videojueguil del hijo favorito de Odín. Deidades ancestrales a las que ya nadie reza se convierten en los referentes conceptuales del noble arte del videojuego, relatos de hombres enfrentándose a seres omnipotentes donde la magia y la fantasía aportan la espectacularidad y el atractivo necesario para que el usuario se vea seducido por su propuesta.
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