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Vancouver 2010
Suspiro invernal
Vancouver 2010 es como la nieve: divertido hasta que se derrite y se convierte en fango. Por una parte, la desarrolladora Eurocom ha solventado algunos de los problemas de Beijing 2008 (su anterior Juego Olímpico) como la necesidad de pulsar ininterrumpidamente un botón hasta acabar el evento o partirse el dedo. No obstante, su nuevo título sigue siendo una experiencia efímera que no logra transmitir el cúmulo de sensaciones discordantes que forman los Juegos de Invierno. Al fin y al cabo, ¿quién no se ha quedado hechizado por la intensidad oculta en la serenidad de los movimientos de los deportistas competidores?
Catorce son los eventos que han superado la criba, mientras que pruebas como curling o hockey han sido injustamente eliminadas, aniquilando así el potencial multijugador que éstas conllevaban. Al menos, los controles son sencillos y fáciles de dominar. La mecánica es la misma para los descensos en esquí y snowboard: acelerar durante los primeros momentos para a continuación inclinar el cuerpo al ritmo de un vals marcado por la nieve mientras se recorre el circuito. Ahora bien, las pistas disponibles son tan escasas como predecibles, de forma que cualquier jugador con un mínimo de interés se las memorizará en un par de intentos.
Para empeorar aún más las cosas, la variedad ha decidido darse las de Villadiego en los eventos de bobsled, skeleton y luge: las tres comparten la misma pista tubular, lo que convierte la victoria en una rutina inesperada. Las cuatro competiciones restantes son más variadas en cuanto a control y técnica, pero de nuevo son tan fáciles de memorizar que en una hora se habrán acabado los desafíos y el jugador tendrá tantas medallas de oro en su cuello que levantará sospechas policiales. Si Vancouver 2010 hubiese sido un título descargable con pretensiones más modestas, quizás su escaso contenido estaría justificado; por desgracia, la realidad es otra y nunca antes un suspiro había costado tanto.
Los lectores esperanzados (cándidos ellos) pensarán que tras esta desilusión inicial se esconde un modo principal en condiciones. Nada más lejos de la realidad. El modo “Olímpico" ofrece las catorce competiciones en el orden que quiera el jugador... sin comentaristas ni repeticiones ni un mínimo sentido de continuidad. Los competidores son entes anónimos cuya ropa deportiva viene impuesta por el juego y no puede modificarse. Dicho sea de paso, Eurocom ha cometido errores extraños como olvidarse de cerca de tres cuartas partes de los países que participarán en los Juegos o introducir música estridente en eventos pausados.
Por extraño que parezca, el mejor añadido del título es aquel que más se aleja de la realidad torpemente recreada. El modo “Desafío" contiene 30 retos divididos en tres modos de dificultad (fácil, normal y difícil); algunos de los objetivos son puramente deportivos (mantener una velocidad determinada durante un descenso), mientras que otros son más originales como chocar contra hombres de nieve para ganar tiempo. El multijugador local no hace otra cosa que consolidar la fugacidad del producto (amén de crear mal ambiente social) mientras que es muy posible que los servidores online sean los primeros de su especie en tener eco.
Vancouver 2010 no merece ni situarse en el último puesto de un podio metafórico. Su control intuitivo y su conseguido menú no son alicientes suficientes para confirmar su compra, siquiera su alquiler. Asimismo, no deja de ser sorprendente que el viaje a Vancouver de Mario y Sonic sea una mejor opción, pese a todas las licencias que se tomó Sega para dar luz aquella fiesta multijugador. Quizás la inadecuada música rock se ha introducido para provocar un alud que entierre el título para que forme parte del inevitable deshielo fangoso, quién sabe.
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