Hay muchas cosas en esta vida que me crispan los nervios: La canción del verano, los anuncios machistas de Wipp, los zapatos de charol negro con calcetines deportivos blancos, la voz de Aznar, los dedos pegajosos tras comer algo con mermelada, el hecho de que María Jiménez haya publicado un libro...pero...¿Y los videojuegos malos, preguntareis? Pues contestaré a mis cuatro o cinco lectores (Hola, mamá) que videojuegos tales no se encuentran en mi lista negra, pues soy consciente de que tras jugarlos me queda como consuelo destrozarlos en alguna crítica sarcástica, una con páginas y páginas llenos de comentarios sutiles (Y no tan sutiles) acerca de la baja calidad de ese juego. Y espero que se me perdone por la clave de humor que podría tomar esta crítica, pero creo que siempre es preferible a la tragedia, porque tengo que decir que War Gods no es un mal juego, es peor, útil solamente como ejemplo de como no hacer un juego o quizá como tortura en una prisión de algún país tercermundista con dictadura militar que colabore con los intereses del primer mundo.
La triste historia de como pudo un ser inocente como yo caer en las zarpas de tan endemoniada monstruosidad de la programación comienza hace muchos, muchos años, en una galaxia muy, muy lejana, donde un meteorito salió rumbo a la tierra para chocar contra ella y extinguir a los dinosaurios, dando paso a la tiranía de una especie mucho más peligrosa conocida como humanidad. Es una historia muy larga, y llena de sangre, sexo, morbo y violencia, pero al final todo llegó a un fin de semana aburrido donde decidí alquilar un juego de luchas para matar el tiempo. Y ahí estaba, en la estantería, pidiéndome que no lo alquilara, pero lo alquilé. Y creedme, echar sesenta duros por la alcantarilla hubiese sido una mejor inversión que el alquiler de esta barbaridad, de la cual he podido volver a "gozar" recientemente.
Respecto a la historia del juego, pues decir que Midway tuvo la excelentísima idea de adaptar a consola uno de sus arcades de menos éxito, quizá porque los caballeros olvidaron que el poco éxito de recreativa tal no dependía de que fuese una obra de arte incomprendida, sino una basura debidamente comprendida como tal. La otra historia, la del juego, es - como cabe esperar de un juego de luchas- una tontería incoherente que sirve como excusa para que los jugadores puedan liberar al Testosterona Man que llevan dentro. Básicamente trata como una nave espacial llegó hace millones de años a la tierra y tuvo un accidente, dejando por ahí dispersadas unos pedazos del llamado "ore", que si lo tocas agarras y te transformas en dios, o mejor dicho, en TEMIBLE WAR GOD. Pues vale. La cosa está en que una vez uno es dios, lo primero que hará será pegarse con otros dioses, y luego descubrirá que ha de destruir al jefe final, una especie de cruce entre Astaroth de Soul Calibur, las masillas de los Power Rangers, un Blandiblub y algo con cuernos: una cabra, por ejemplo, aunque podría ser otra cosa, como un político. Tras vencer al jefe final, conseguiremos una nada magnífica imagen de nuestro protagonista sujetando una pieza del llamado "ore", con un texto (En inglés) que dice algo como: "¡Has ganado! [Nombre del personaje] ha derrotado a Exor! Por un lado, ha salvado el planeta...por ahora. Pero habrá nuevos enemigos a combatir. Nuevas batallas que ganar. Pero el tiempo...el lugar y el motivo podrán cambiar. Pero la Guerra, igual que los mismos Dioses...ES ETERNA". El texto en casi todos los personajes es más o menos ese con algunas variaciones, y es curioso que digan que los dioses son eternos cuando llevo todo el juego decapitándolos. Me quito el sombrero ante el argumento, aunque sea al estilo
malo de James Bond.