La interminable guerra del 41º milenio
El
reciente anuncio de
Dawn of War II cerró un importante ciclo dentro de la estrategia en tiempo real. Un ciclo que no sólo concluía la posibilidad de nuevas expansiones para el primer
Warhammer 40:000: Dawn of War, uno de los juegos
RTS más importantes del último lustro, sino que también conllevó que la presente y tercera expansión del mismo,
Soulstorm, fuera el trabajo póstumo de Iron Lore (desarrolladores de
Titan Quest y su expansión,
Inmortal Throne) que, debido a que no pudieron conseguir dinero para un próximo proyecto, tuvieron que cerrar sus puertas. Este hecho da lugar a que quizás no haya futuros parches para el presente juego, puesto que no suele ser demasiado habitual en la política de Relic, creadores del original e inmersos en la creación del mencionado
Dawn of War II desde agosto del 2006.
Soulstorm, al igual que su predecesora expansión,
Dark Crusade, cuenta con la llamativa característica de ser una expansión híbrida. Es decir, se puede jugar perfectamente sin tener el original (aunque requiere mantener el disco puesto en la unidad, un peculiar método para combatir la piratería), pudiendo disfrutar al máximo de su campaña, todos sus mapas multijugador dentro del modo Escaramuza y todas sus demás propiedades. No obstante, para poder acceder a todas sus razas dentro del modo multijugador, a través de Internet o LAN, hay que haber instalado previamente sus anteriores títulos: el original
Dawn of War para los Marines Espaciales, Orcos, Eldars y Marines del Caos;
Winter Assault para la Guardia Imperial; y
Dark Crusade para el Imperio Tau y los Necrones. Combinando todos ellos dan lugar a uno de los juegos más variados dentro del género, ofreciendo la posibilidad de poder acceder a un total de nueve razas diferentes inspiradas en el conocido juego de mesa creado por Games WorkShop.
Para aquellos que desconozcan la mecánica de la serie
Dawn of War, dado que el presente juego es, o más, igualmente recomendable que el original (pero no tanto como su segunda expansión, como veremos en el análisis), nos encontramos con unas batallas en las que lo importante no es conseguir el máximo de recursos (es más, en
Dawn of War sólo hay dos: la Requisa y el Plasma) sino construir más rápido que nuestros rivales, atacar frenéticamente y saber defender nuestra base. De hecho todas las facciones cuentan, en esencia, con las mismas edificaciones y funciones (con alguna que otra habilidad exclusiva) y entre los puntos que más desequilibran los combates destaca la posibilidad de ampliar el número de efectivos de algunas escuadras, pudiendo igualmente especializarlos con diferentes armas. Un sistema muy espectacular y dinámico que se mantiene a la perfección en
Soulstorm, "La gran tormenta de almas".
Domina la galaxia, domina a tus rivales
Como hemos mencionado,
Soulstorm añade dos nuevas razas, los Eldars Oscuros y las Hermanas de la Batalla al gran plantel ya disponible con anterioridad, dando un total de nueve facciones diferentes que luchan, dentro del modo Campaña, en el Sistema Kaurava, un complejo de cuatro planetas y tres lunas interconectados al estilo Risk. Este sistema por turnos, heredado directamente de
Dark Crusade es muy sencillo y se basa en ir moviendo al Comandante de nuestra fuerza por los diferentes territorios de los tres planetas o de las lunas, conquistando, mediante batallas en tiempo real, los diferentes lugares.
Algunas de estas regiones ofrecen ciertos beneficios, como poder empezar con nuevas unidades, edificios o vehículos, mientras que los baluartes, el lugar donde comienzan cada raza, dan beneficios más llamativos, como poder bajar la moral enemiga antes de batallar, moverse a cualquier región que tenga una puerta de Telaraña (peculiaridad de los Eldars Oscuros), construir edificaciones antes de la contienda (habilidad de las Hermanas de la Batalla), etc. Dado que la batalla, y más concretamente los combates por estos baluartes, son muy largos y duros conviene estudiar que camino seguir en nuestra conquista, para poder aprovechar al máximo los diferentes beneficios de haber conquistado una u otra raza.