Análisis
¡A las armas!
Namco nos trae un paquete con [i]Warhammer: Mark of Chaos[/i] y su expansión a Xbox 360 que no llega ni a acercarse a las expectativas.
Por Albert Prat Sánchez
| Publicado el día 26/03/2009 07:09
¡Guerreros, venid a mi!
Así, en resumen, Warhammer: Battle March es un juego de estrategia en tiempo real sin gestión de recursos y con algunos tintes de RPG en el desarrollo de los protagonistas de las campañas. Eso significa que partirás con unas unidades determinadas y tendrás que espabilarte como puedas para alcanzar la victoria. Los objetivos de las misiones van desde la aniquilación total del enemigos, al asedio de un castillo tanto desde el punto de vista del atacante como del defensor. Cada ejército cuenta con una gran cantidad de unidades diferentes que cumplen diferentes funciones complementarias sin las cuales sería mucho más difícil llevarse la victoria. Los héroes constituyen un factor diferencial en el campo de batalla, tanto luchando como liderando a las unidades para mantenerlas motivadas para el combate. Todo eso regado con algunos toques Warhammer, como la fase de despliegue, inútil en la mayoría de casos, y la posibilidad de añadir campeones, portaestandartes y músicos con las mismas funciones que en el juego de tablero. En general el sistema de juego tampoco es nada especialmente novedoso, pero es una la receta fiable de toda la vida aplicada con bastante tino. Desgraciadamente, hay infinidad de deficiencias que hacen que la receta no funcione. Digamos que se trata de unos macarrones decentes, pero comidos a 50 grados centígrados en medio del desierto rodeado de caníbales hambrientos.
El desierto vendría a ser, por ejemplo, el apartado visual. Al hablar de él hay que tener en cuenta que se trata de un juego de 2006 y su expansión, pero aun así siguen sin estar a la altura. El original de PC ya estaba muy lejos de los estándares gráficos de la estrategia, así que con el salto tecnológico que se ha dado en los últimos dos o tres años nos encontramos ante un título visualmente anacrónico que, además, ha sido mal adaptado a las vicisitudes de las consolas. En general, la impresión que da es de ser mucho más antiguo de lo que realmente es y choca frontalmente con las demostraciones técnicas en alta resolución a las que nos estamos malacostumbrando.
No es necesario que se vea cada gota de sudor de los personajes caer al suelo pero, por ejemplo, hay ciertas texturas que resultan intolerables a día de hoy. Y más teniendo en cuenta que los escenarios no son precisamente gigantescos. Los personajes no están del todo mal modelados, son creíbles y bastante variados, pero con eso no basta si las animaciones son flojas, por repetitivas y mecánicas. Además, si no dispones de un televisor grande, olvida el juego: te dejarás los ojos intentando ver algo entre las dos (o más) enormes esferas de la interfaz. No digamos distinguir a tus unidades en el campo de batalla. Si dispones de él, los gráficos aprueban justito. Lo más destacado es la cámara, que funciona con agilidad y precisión a tus órdenes.
Machakamoz kabezas, ¿verdad?
|
Chamán Guateque cura problemas amorosos, de dinero, de salud...
|
Los caballeros gélidos buscando carne
|