Las innovaciones, por supuesto, no son inexistentes. Veamos, en este juego podemos no llevar a uno, sino a tres personajes, y aunque sólo controlamos uno a la vez, podemos cambiar entre uno y otro en cualquier momento. Todos los personajes se dividen en tres tipos, cada cual de los tipos con su habilidad especial y demás. Finalmente, la combinación del uso de las barras de energía de ataque de los tres permite un espectacular ataque a triple bando más o menos espectacular. No es que la idea en sí sea mala, pero al final solamente añade otro nuevo movimiento al caótico combate machacabotones, lo cual no hace mejorar el juego en exceso. Algo que sí resulta más salvable es un modo de juego que, a diferencia de todos los demás -siempre variaciones insulsas del modo “Historia”- sigue un estilo juego de luchas tradicional. Resulta un modo que puede llegar a ser medianamente distraído si juegas con otro jugador (con segundo mando, el juego no tiene modo
online), aunque no deja de llegar al nivel de juego de luchas mediocre... para la época de Sega Saturn. Pero lo cierto es que al menos jugando con un amigo tienes algo mejor que la inteligencia artificial del juego, a menos que tu amigo sea un boniato con electrodos.
Finalmente está el sistema de actualización de armas y personajes, permitiendo modificar nuestra defensa, ataque, etc. El sistema de actualización y subida de nivel de personajes no es exactamente intuitivo, pero tampoco es demasiado complejo y permite que tanto combate insípido sirva para mejorar a nuestros personajes y lanzarlos a... más combate insípido. De nuevo otro añadido cosmético a un juego que a fin de cuentas se reduce a repetir siempre las mismas combinaciones de botones. Tal vez los desarrolladores deberían comprender que, por mucho que añadas a la mecánica, si la base de todo falla,
el invento se estrella.
Finalmente, para mayor agravante, tampoco la inteligencia artificial ayuda a solucionar el apuro.Y es que los soldados del bando enemigo más que pelear se dedican a rodearte dándote algún pinchazo de aviso de vez en cuando. Pero mucho peor son los aliados, pues cuando el juego requiere que defiendas a uno de tus generales del ataque enemigo, éste y sus soldados se dedican fundamentalmente a campar como pastorcillas holandesas en el campo de batalla mientras las hordas de soldados con el cerebro frito se dirigen a matarlos.
El apartado gráfico tampoco quita el hipo. Si ya se ve anticuado en PS2, en la versión de Xbox 360 se padece de forma más notable el apartado técnico pleistocénico.* No es necesario explicarlo mucho, pues ya se ve en las imágenes: todos los soldados son iguales, con moldeados simples y escenarios vacíos. La cámara además es completamente manual, de forma que debemos cambiarla continuamente en plena batalla, lo cual distrae mucho y divierte poco. Finalmente, las escenas de "historia" están horriblemente representadas, con imágenes estáticas de los personajes sobre los que se impone una voz mal actuada.
Porque ésa es otra, el doblaje. En su perfecto inglés, parece que los actores no se lo tomaron muy en serio, lo cual no es de extrañar cuando uno ha de leer con “aire victorioso” frases tales como "La entropía siempre triunfará". Y es que las actuaciones son de risa y doblemente irritantes en el campo de batalla, donde la misma frase tonta de victoria es repetida una y otra vez a través del juego cada vez que vencemos a un grupo de soldados. Y claro, la música tampoco tiene enormes cualidades, resulta martilleante, repetitiva y con muchos arreglos electrónicos, algo que no estoy seguro de que sea lo mejor para ambientar un juego de guerreros del siglo XVI. O del III. O del XI.
En conclusión, si vas caminando por la calle y ves
Warriors Orochi 2 en un escaparate, cámbiate de acera. Si, por otro lado, eres uno de esos que reivindica que
Dynasty Warriors y variantes son juegos "sencillos pero con muy buena jugabilidad", cómprate éste y sal de tu engaño. Y sufre. Sufre mucho.
*para los de la SGAE: de cuando los mamuts y el hielo