Análisis
Nintendo se pasa a la creatividad musical
Tras ser presentado en el pasado E3, Wii Music llega por fin a nuestra consola con el objetivo de convertirnos en músicos de Wiimote y Nunchuk.
Por Eternal
| Publicado el día 10/11/2008 07:03
Existen un total de cuatro formas de control que combinan de diferentes formas el Wiimote y el Nunchuk, tanto en función de los movimientos como del uso de los botones “A”, “B”, “C” y “Z”. Esos modos de control son los que siguen: modo de guitarra, de violín, de flauta y de piano-batería. En el modo de guitarra, el Nunchuk simula ser la parte alta de la guitarra, mientras que el Wiimote sirve para rasgar las cuerdas. El modo de violín es muy similar, pero concede un papel mayor al Nunchuk, ya que es necesario apretar los botones “C” y “Z” para que surja algún sonido del instrumento. En cuanto al modo de flauta, prescinde del uso del Nunchuk y se centra exclusivamente en el Wiimote, que hay que coger como si se tratara de una flauta para jugar con los botones “1” y “2”. Por último, el modo de piano se apoya en el uso del Nunchuk y del Wiimote, que simulan ser unas manos que golpean unas teclas, unos bombos o lo que se preste. Hay que destacar que este último modo de control, con el que se corresponde la batería, permite el uso de la Wii Balance Board para simular que tenemos entre manos y pies una auténtica batería. Así, con los dos pies colocados sobre la tabla, el izquierdo permite tocar los platillos y el derecho el bombo, mientras que el Wiimote y el Nunchuk nos permiten combinar con los platillos y los timbales de la parte superior. Explicado de este modo puede parecer algo engorroso, pero lo cierto es que, si contamos con la Balance Board, podremos sentirnos como un auténtico batería.
Los cuatro modos de control anteriores se traducen en cerca de un total de sesenta instrumentos diferentes, cada uno de los cuales tiene su propio sonido, si bien la mayoría se controlan del mismo modo. Tenemos instrumentos de cuerda (guitarras de todo tipo, bajo, arpa), de viento (trompeta, saxofón, gaita) o de percusión (tambor, maracas, pandereta, castañuelas), además de rarezas como los platos de un disc jockey o la posibilidad de rapear. Todo esto se traduce en un ingente carrusel de matices de sonido con los que experimentar y modificar todas y cada una de las canciones del juego.
A la hora de enfrentarnos a una canción, en pantalla veremos por lo general a un total de seis Miis, con el nuestro propio a la cabeza, cada uno de los cuales lleva una de las seis secciones de la canción: melodía, armonía, acordes, bajo y dos secciones de percusión. Estas seis secciones las podemos suprimir o alterar con diversos instrumentos según el tipo de canción que queramos componer. Una vez en plena faena, en la esquina inferior derecha de la pantalla veremos a los "be-nitos", una serie de personajes en forma de pequeños yunques que nos irán marcando el tempo de la canción. Junto a su ayuda, también podemos habilitar y deshabilitar libremente una partitura para saber el momento exacto en que ejecutar los movimientos para que nuestro instrumento suene tal y como lo haría en la versión original de la canción. No obstante, el objetivo de Wii Music no es tanto ése como el de ofrecer al jugador la posibilidad de experimentar y producir nuevas melodías que luego incluso podemos guardar y subir online. Porque lo cierto es que podemos llegar a hacer auténticas virguerías con cada canción, ya sea variando el estilo musical (hay un total de diez, entre los que se incluyen el rock, el jazz, el reggae o los ritmos hawaianos), cambiando los instrumentos musicales o directamente alterando el ritmo melódico.
Un juego algo corto en opciones
El repertorio de canciones que se incluye en Wii Music es de cincuenta, con un conjunto que abarca estilos musicales bastante diversos pero que a la larga se antoja un poco escaso. Entre las canciones generales más conocidas se encuentran el Himno de la alegría, la Marcha nupcial, el Cumpleaños feliz, La Cucaracha, Every Breath You Take o Carros de fuego. Sin olvidar los temas nintenderos más clásicos, entre los que destacan especialmente las melodías originarias de Super Mario Bros y The Legend of Zelda, que seguramente harán las delicias de los más nostálgicos.