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La manera de pasar por una mazmorra es la siguiente: la pantalla tiene cuatro posiciones diferentes en el plano inferior donde se colocan los esqueletos. El que se halla más a la izquierda se mueve por los lugares libres persiguiendo a Link para clavarle el puñal; tras ellos se encuentra el lugar de descanso del fantasma. En el plano medio hay dos posiciones a la derecha donde se coloca el goblin, una para coger una lanza y otra para atacarnos (en esta posición es donde lo podemos alcanzar con la espada). Link se mueve por las cuatro posiciones siguientes evitando los puñales de los esqueletos y bloqueando con el escudo la lanza del goblin y la flecha del fantasma, que se coloca en el último lugar del plano medio al levitar. El escudo se usa automáticamente con el botón de atacar, ya que al no pulsarlo bloquea por delante y al hacerlo link ataca y lo mueve hacia atrás protegiendo su espalda. Link sólo puede tocar al goblin si se halla lo más a la derecha posible excepto si tiene cinco corazones, (ya sea consiguiéndolos o pulsando la cruceta hacia abajo para usar el agua de vida) lo que le permite lanzar proyectiles a distancia, aunque Link los pierde al ser alcanzado por algún enemigo. Teniendo en cuenta todo esto, cuando Link mata al goblin aparecen dos escaleras en el plano superior de la pantalla y pasa a la siguiente sala, excepto si la siguiente ya es la guarida del dragón. En ese caso, se muestran huesos colgando por los que Link trepa y pasa a la pantalla superior donde tiene lugar el enfrentamiento contra el dragón, que ataca con la cola y escupe bolas de fuego que debemos evitar moviéndonos. El dragón vomita un triángulo que colocamos en el Triforce y volvemos a la pantalla de abajo para empezar la siguiente mazmorra.
El juego ofrece continues infinitos, así que es fácil acabarlo y, tras hacerlo, volvemos a empezar doblando la dificultad (básicamente los enemigos se mueven más rápido, porque todo está prefijado) y el único aliciente es sumar puntos (nos dan tantos puntos como total de vida tiene el goblin o el dragón que hemos matado).
Queda claro que el planteamiento del juego es sencillo y bastante pobre en opciones, pero hemos de hacer el esfuerzo de colocarnos en el año 1989, y es que los juegos portátiles de esa época no podían ofrecer más que lo que Zelda hizo; es más, solían ofrecer mucho menos de media en las Game & Watch. Todo el procedimiento es muy mecánico, pues tras unas cuantas partidas es fácil saber dónde se hallan los diferentes objetos por el laberinto, qué rutina tienen los dragones y cuánto tardan los goblins y esqueletos en moverse y atacar. La parte mala es que se puede hacer repetitivo, pero la diversión es muy directa y empieza ya con el primer movimiento.
En cuanto al apartado técnico, cabe decir que el juego a duras penas muestra un fondo blanco salpicado por el decorado de las mazmorras en dos tonos de rojo (que incluye antorchas, una tumba para los fantasmas, los salientes de los muros y poca cosa más) más los personajes y las plataformas que usamos durante el juego en negro, con un nivel de detalle muy alto y nítido para la época, tanto en la pantalla inferior como en la superior. El sonido consta de una musiquilla animada que acompaña muy bien al juego y que es fácil de recordar, además de un pitido diferente para cada acción del juego (ataque nuestro y de cada enemigo, movimiento, victoria...). Se puede decir sin duda alguna que Zelda alcanzó el tope que podía ofrecer una Game & Watch y puso sus circuitos al límite.
Como extra cabe comentar que el juego cuenta con la posibilidad de usarlo como reloj y como alarma, en este caso una viejecita mueve su báculo en el cementerio y suena la alarma para despertarnos.
En definitiva, estamos ante un juego tipo de las Game & Watch, de acción directa y no muy complicada, pero con unas prestraciones muy superiores a la media de lo que nos tenían acostumbrados en los diferentes títulos de esta plataforma. Un juego absolutamente imprescindible para todos los jugadores, ya sean amantes de lo retro o no.
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