| Cuadro del concurso (el participante debe abstenerse de editar esta tabla) |
| Usuario | Jero DS |
| Protagonista | Armaldo |
Ediciones Semana 1 (del 14/11 al 20/11) | Edición 1 | 649 |
| Edición 2 | 0 |
| Total semanal | 649 |
Ediciones Semana 2 (del 21/11 al 27/11) | Edición 1 | 0 |
| Edición 2 | 0 |
| Total semanal | 0 |
Ediciones Semana 3 (del 28/11 al 4/12) | Edición 1 | 0 |
| Edición 2 | 0 |
| Total semanal | 0 |
Ediciones Semana 4 (del 5/12 al 9/12) | Edición 1 | 0 |
| Edición 2 | 0 |
| Total semanal | 0 |
| Total de palabras | 649 |
| Extensión | 0/20 |
| Relación personaje-argumento | 0/15 |
| Argumento | 0/25 |
| Gramática y vocabulario | 0/20 |
| Presentación | 0/10 |
| Originalidad | 0/10 |
| Puntuación final | 0/100 |
Armaldo
Capítulo 1: Caparazón rojo
...Esta historia comienza en una época misteriosa, un período lleno de cambios en el primitivo mundo de los Pokémon, porque ya existían estas criaturas, pero eran primitivas y la mayoría de ellas todavía se desconocen, aunque varios de los pokémon actuales han podido recuperar estas formas, como Mamoswine, Tangrowth y otras especies.
El paisaje era muy variado, desde espesas selvas llenas de diversas especies vegetales y pokémon planta primigenios hasta extensas llanuras donde vivían pacíficamente enormes herbívoros ya extintos, Kangaskhan y antepasados de los monstruos, (o al menos que se sepa).
Los cielos eran dominados por Aerodactyl y Archeops, ambos eficaces cazadores muy temidos por la mayoría de criaturas terrestres. En aquellos mares de azul zafiro podíamos encontrar a los impresionantes Wailords, a los voraces Kabutops y a los serenos Carracosta y Relicanth, entre otros.
En las escarpadas montañas en creación hallamos maravillas como los poderosos Rampardos, verdaderos colosos dotados de una gran fuerza, pero de poca inteligencia, al contrario que los Armaldos y otros pokemon que, pese a no tener tanto potencial físico, fueron dotados de otras virtudes.
Las distintas especies se distribuían en ocasiones de forma individual, por parejas con descendencia o con grandes clanes que controlaban territorios.
La vida en esta época era dura. Los frondosos árboles ofrecían escasos frutos con sabores que no solían agradar a los Pokémon. Eran los antepasados de las actuales bayas que pueblan todas las regiones. La dieta de la mayoría de seres que vivían en ese momento se basaba en la depredación, aunque se solía acompañar de vegetales. Algunos pokémon simplemente cazaban cuando tenían hambre, otros almacenaban restos de sus presas y las especies más desarrolladas comenzaron a domesticar a otras criaturas para así evitar hambrunas.
Esta lucha por el alimento, que solía escasear porque las bestias tenían muchos recursos para defenderse, llevaba a enfrentamientos entre grupos situados en la misma zona. Según la especie, las crías estaban más o menos protegidas. En ocasiones los enfrentamientos derivaban en cruentas batallas que provocaban varias bajas a las tribus. Los grupos derrotados debían marchar de su territorio y buscar uno nuevo para empezar de cero.
Había clanes que no solían entrar en conflictos, porque conocían los estragos de las batallas. Estos pequeños grupos eran comunes en parajes recónditos, ricos en recursos y lejos de cualquier conflicto. En el seno de una de estas afortunadas sociedades nació un pequeño Anorith. En el grupo de Armaldos, la noticia produjo una gran alegría, como todos los nacimientos. Este Anorith tan alegre y risueño comenzó a dar sus primeros pasos en poco tiempo y su inusual caparazón rojizo despertaba las simpatías de los lugareños.
El pequeño era muy cuidado por sus padres en sus primeros años, hasta que evolucionó en un prometedor Armaldo. Con sus nuevas habilidades, el joven pokémon empezó a interesarse por el mundo de los combates. Ya hemos dicho que estas criaturas luchaban para cazar, pero también lo hacían como deporte y les servía de entrenamiento. Los adolescentes de la sociedad se dedicaban a observar cómo combatían los mayores, analizando con su vista cualquier detalle que pudiera ayudarles a aprender nuevas técnicas, que luego practicaban entre ellos como si fueran juegos infantiles.
El padre de Armaldo solía llevarlo de viaje lejos de la pacífica bahía en la que vivían. En estas expediciones, acostumbraban a recolectar frutos poco comunes para poder plantarlos en la zona y de paso se recababa algo de información sobre lo que acontecía en los alrededores. El invierno se acercaba, así que capturaron dos grandes herbívoros para criar pokémon que dieran alimento y partieron de vuelta a la bahía. La criatura se sentía feliz. Había podido observar desde una distancia prudencial (pues era poco recomendable interferir en combates ajenos) el enfrentamiento entre un Torterra y un Donphan y ya practicaba movimientos dando brincos alrededor de su padre a la luz rubí del sol en el ocaso.Capítulo 2: Invierno blanco
...Su madre les esperaba impaciente desde la entrada de la gruta. Parecía nerviosa, pues sólo tenía un hijo y todavía no se acostumbraba a tenerlo lejos de su vista durante tanto tiempo, aunque por otro lado sabía que con su padre no corría peligro alguno. Por fin respiraba aliviada.
El joven Armaldo le contó el viaje durante la cena, las batallas que había visto, los nuevos movimientos que su padre le había enseñado, todo con los ojos brillando de ilusión. Después de cenar cayó rendido en su rocosa cama, deseando contar de nuevo sus aventuras, esta vez a sus amigos.
El día despertaba bajo un sol radiante y el joven pokémon se preparaba para ir a la playa, donde jugaba con sus compañeros y escuchaba las historias de los ancianos del grupo. Hoy era un día especial, pues le tocaba a él relatar su viaje. Los pequeños le atendían expectantes, ansiosos de conocer el mundo que por ahora no podían recorrer, al menos hasta que fueran más fuertes.
Cada día era una pequeña aventura, con pequeñas excursiones por la zona y torneos entre los amigos. Armaldo demostraba tener un buen potencial, aunque todavía le faltaba algo de experiencia.
Pasaron días y semanas y el terrible invierno hizo su aparición. La bahía, aun estando cerca del mar, estaba situada en una región en la que los inviernos eran duros. El grupo disminuía su actividad durante esta época, excepto el grupo vigía, que debía cubrir más terreno para poder controlar mejor el paisaje, pues las nieblas y ventiscas disminuían la capacidad de visión.
Todo parecía correcto en el exterior, pero en la tranquila aldea comenzó a extenderse un rumor que inquietaba a mayores y pequeños. Cuentan algunos lúgubres cuentos que un grupo de almas castigadas por sus crímenes pasados no han dejado todavía este mundo, sino que continúan propagando la desgracia y la tristeza allá por donde van, dejando tras su paso la desesperación y la muerte. Estas habladurías helaban el ánimo de la tribu, pero toda preocupación desaparecía cuando el grupo se reunía en el salón central de la Gran Cueva para disfrutar del sabroso y caliente estofado que les hacía entrar en calor y cargar el ánimo para continuar con las labores.
-¿Va todo bien, cariño? No has comido mucho, hijo -dijo la madre de Armaldo- Deberías alimentarte bien para seguir creciendo y no enfermar con este frío.
-Sí, tranquila, es que estaba pensando en mis cosas -contestó el joven- ¿puedes darme un plato? Voy a ponerme algo más de estofado.
Pero Armaldo no se sentía bien, un mal presentimiento rondaba en su mente y no le dejaba disfrutar de la comida. Al final pudo comer sin mayores complicaciones y se recostó en su cama, enroscándose como un ovillo.
El sueño le sentó bien, se despertó y tomó su baño diario en la terma. Hoy realizaba una expedición con su padre a un lago helado, para recoger unos minerales.
-Hoy te voy a enseñar las técnicas secretas de la tribu- dijo el padre
-¿Técnicas secretas?
-Sí, unos movimientos poco usuales en nuestra especie, que nos han llevado a esta tierra.
-Cuéntame más -contestó Armaldo-. Quiero saberlo todo sobre el tema
-Bueno, comencemos -el padre aclaró su voz-. Todo comenzó hace varias generaciones. Nuestra tribu era por aquel entonces un clan muy beligerante, siempre buscábamos las guerras. Éramos mercenarios.
-¿Mercenarios? -preguntó Armaldo-.
-Sí, pero por desgracia, los Armaldos se veían continuamente amenazados por pokémon cazadores. Estos asesinaban a los de nuestra raza para hacerse con sus corazas.
-Pero hay pokémon más resistentes, como los Bastiodon.
-Antes no eran tan recios. Los Bastiodon actuales son un misterio, hijo. Sus corazas parecen de roca pulida, pero son muy resistentes, aun así, ¿Cómo derrotarías a uno de ellos?
-A ver que piense? creo que les haría un terremoto
-¡Correcto! Eso es lo mejor para tumbar a esos muros, pero no nos desviemos de la historia. Como te decía, éramos excelentes piezas de caza, por eso tuvimos que mejorar a marchas forzadas para evitar la extinción de la especie.
-¿Y que hicieron los Armaldos primitivos? -preguntó intrigado el joven-
-Crear nuevas técnicas, más peligrosas, para poder hacer frente a nuestro principal rival, los Killersect*.
-¿Killersect? ¿Qué es eso?
-Eran pokémon cazadores, los mejores y más especializados. Entrenaban día y noche durante su niñez en ambientes agresivos para reforzarse física y mentalmente. Tras este duro programa, se obtenían guerreros de gran poder y sin emociones, ni siquiera sentían nada por los de su especie. Muchos no sobrevivían, pero los pocos restantes eran muy poderosos.
-Ahora entiendo la razón de que sufrieran tanto los nuestros ?se lamentaba Armaldo-
-Fueron años difíciles -continuó el padre- pero aprendimos a defendernos.
-¿Cómo?
-Bueno, durante años estudiamos el veneno de Nidoking y Tentacruel y a cambio les ofrecíamos algo de protección en batalla. Gracias a eso y tras varias bajas en el transcurso del proceso, logramos poder generar nuestro propio veneno en nuestras pinzas. Ahora observa.
El gran pokémon empezó a cargar energía en sus pinzas, que tomaron un color violáceo y atacó el tronco de un gran árbol, que cayó partido en dos.
-¡Vaya fuerza tienes en las pinzas, papá! -comentó asombrado el niño-.
-Lo importante no es la fuerza, fíjate en los extremos -aconsejó el padre-.
Los extremos del cadáver del árbol estaban derretidos y algo quemados.
-Este ataque lo llamamos Puya Nociva y es una de nuestras armas más contundentes.
-Quiero aprenderlo papá.
Los dos monstruos llegaron al lago. En él había varios árboles meloc, pues era el lugar secreto de entrenamiento de los Armaldo. Sus bayas eran perfectas para tratar los problemas derivados del aprendizaje de la técnica.
-El proceso no es fácil -advirtió el padre-, vamos a pasar mucho tiempo aquí y seguramente enfermarás. Tu madre ya lo sabe todo y aunque ha costado, al final la conseguí convencer. Vas a aprender las tres técnicas secretas, y aunque por ahora solo conoces la Puya Nociva, todo llegará a su tiempo...
*Killersect: el instituto arqueológico de Ciudad Esmalte en Tesselia estaba investigando la morfología de los escasos fósiles de estos pokémon cuando fueron robados por el Equipo Plasma con propósitos por ahora desconocidos por la Policía Pokémon. Se cree que intentan revivirlo con fines malévolos con la colaboración de ex-científicos del Team Rocket que participaron en otros proyectos prohibidos de ingeniería genética pokémon.Capítulo 3. Pinzas violetas
El entrenamiento dio comienzo. Primero, Armaldo debía recubrir sus pinzas con una capa de veneno. El veneno le afectaría mucho al principio, pero con el tiempo se adquiere la inmunidad y además, la capacidad para generarlo.
-Vamos hijo, sé que puedes hacerlo -decía el maestro-, intenta cortar ese tronco.
-Lo intentaré
Armaldo cargó su ataque, haciendo brillar sus pinzas con un brillo púrpura y justo cuando iba a golpear, sus ojos quedaron en blanco y cayó derrumbado.
Su padre se temió lo peor y rápidamente corrió al lugar donde yacía Armaldo.
Lo examinó nervioso, pero su semblante se relajó al comprobar que no era grave.
Los primeros días fueron muy duros. Tras aplicar el tóxico, el joven podía luchar sin ningún problema y con el ácido sus ataques eran más efectivos, pero en seguida le invadía el cansancio y en las primeras etapas llegaba a perder el conocimiento. Con el tiempo se fue acostumbrando y cada vez aguantaba más en pie. Las bayas Meloc salvaron al aprendiz en muchas ocasiones.
La prueba final llegó para Armaldo. Aunque la técnica de Puya Nociva debilita al usuario mientras el veneno recubre parte de su cuerpo, los más experimentados pueden controlar el flujo de veneno para evitar que se extienda y les agote. Esta etapa consume energía, pero el cansancio es mucho menor comparado al efecto del tóxico. El joven debía permanecer durante doce horas con la técnica activada y al final concentrar las fuerzas restantes para dar un golpe desesperado y potente.
-Es demasiado tiempo, papá.
-Lo sé, pero tranquilo, tenemos todo el tiempo del mundo para seguir entrenando. A la hora de entrenar y aprender, las prisas no son buenas.
-Eso es cierto, pero ya llevamos un mes y todavía no lo controlo bien.
-Lo mejor que puedes hacer es relajarte y mantener la concentración, para poder controlar tu estado -recomendó el padre-. Escucha a tu cuerpo, te habla. Y no te exijas demasiado.
-Está bien, lo haré lo mejor que pueda.
Armaldo se dirigió a un claro, como le recomendó su maestro. Este espacio estaba bañado por la dorada luz del sol, una luz que le había acompañado durante casi todo lo que llevaba de entrenamiento, cosa que no entendía, al reinar el duro invierno del norte.
Se situó en el centro, cerró los ojos y comenzó a liberar el tóxico en sus pinzas. Era un líquido frío, pero estaba acostumbrado. Al principio solía debilitarse hasta conseguir el control sobre el flujo de energía. Había logrado aguantar unas seis horas hasta entonces, ahora el reto estaban en las doce.
Cuando llevaba unas cuantas horas, el cielo se nubló sobre él y sintió que perdía fuerzas. No lo entendía, pero sentía que el sol que siempre le había apoyado le estaba abandonando y robándole su vitalidad.
Comenzó a llover. Un fuerte chaparrón le empapaba y cada vez se sentía más débil. Pero seguía en pie y acumulando energía. Lo conseguiré -se repetía constantemente-.
Su padre, mientras tanto, lo observaba bajo una roca expectante, intentando saber qué estaba pasando por la cabeza de su hijo. Pero no estaba solo. Una sombra lo acompañaba.
-Parece un tipo duro, pero no creo que aguante ?decía el desconocido-. Puede que me pasara un poco con la lluvia.
-Sé que lo hará -decía el maestro-, y tú también lo sabes, ya has visto de lo que somos capaces.
El misterioso pokémon se sonreía. Era un gran compañero del padre de Armaldo, puesto que éste le salvó la vida. A cambio, le enseñó un arte que salvó la vida a la tribu.
Este enigmático pokémon era un Swampert. Estos pokémon, auténticos fósiles antediluvianos eran considerados en los primeros días como los descendientes de los primeros pokémon terrestres. Su capacidad para vivir en un gran abanico de ambientes les ha hecho sobrevivir al paso del tiempo y a los cataclismos climáticos que asolaron el planeta varias veces.
El Swampert decidió parar el efecto de Danza Lluvia, aunque el joven Armaldo parecía no inmutarse, seguía inmóvil como una estatua.
El tiempo transcurría y con la luz solar el aprendiz sentía que sus fuerzas se renovaban, pero llevaba varias horas y el fin de la prueba se acercaba. Por fin, su padre se acercó para señalarle que podía realizar el movimiento cuando estuviera preparado.
Aunque se sentía algo mareado y su vista estaba algo borrosa, concentró sus reservas en un ataque que fue devastador. No cortó sólo el árbol, también una roca granítica que se encontraba tras el gran vegetal.
Su padre le aplaudía, aunque Armaldo no llegó a verlo, porque cayó desmayado víctima del cansancio.
Despertó un día después y dio cuenta de un gran banquete para reponer fuerzas. Solo después de terminar se dio cuenta la presencia de Swampert, que había decidido no molestarlo (ya saben lo que dicen: no molestes a un pokémon hambriento).
Tras las presentaciones y felicitaciones, su padre volvió a hablarle sobre la historia de su tribu.
Según la leyenda, varias décadas después de la adquisición de la Puya Nociva, los Armaldo pasaron de estar amenazados a ser respetados (y temidos) en las tierras que habitaban. Seguían siendo mercenarios, pues no conocían otra vida, pero poseían códigos de honor, como no aceptar ser contratado por los rivales de una tribu para la que ya habían trabajado con anterioridad y no atacar tribus indefensas.
Sin embargo, cierto día, una facción del grupo, que trabajaba en secreto, se saltó las normas y destruyó una aldea pacífica tras aceptar un pacto con una gran tribu.
El resto de miembros del grupo, que desconocían lo ocurrido, reaccionó enérgicamente contra los traidores. Pero el sentimiento de raza les impedía matarlos.
Mientras discutían el castigo, los gritos de aviso del vigía alertaron a toda la banda. Hordas de Rampardos y Rhyperior, dos enemigos naturales normalmente, se habían unido para destruirlos. Cundió el pánico y tuvieron que huir hacia la costa.
En la ribera de uno de los ríos que desembocaba en el gran mar de Kyos había una aldea. Habían trabajado para ellos años antes, por eso decidieron pedirles asilo hasta encontrar una ruta segura de huida. Cuando llegaron allí, el fuego había calcinado casi por completo la zona. Un incendio había destruido la aldea unos días antes. Buscaron supervivientes, pero siempre pendientes de los vigías.
El padre de Armaldo (que en esa época sería más joven que su hijo en la actualidad) halló un huevo que tenía algunos rasguños. La mayoría de miembros de la tribu no quisieron encargarse del hallazgo, unos porque creían que la criatura había fallecido por el fuego y otros porque temían que fuera de alguna tribu enemiga, lo que complicaría su situación.
Días después, del huevo nació un pequeño Mudkip. Este pequeñín fue muy querido por la tribu, que lo consideraba un signo de esperanza, aun entre los muchos que lo repudiaron en su día. El pequeño fue cuidado con cariño e instruido para el combate cuando fue un Swampert ya crecido.
Éste, como señal de gratitud, enseñó a la tribu el arte del Buceo.
Tuvieron poco tiempo para entrenar y practicar el movimiento, pero fue suficiente para escapar hacia la tierra que hoy habitan. Algunos murieron en combate, luchando para ganar tiempo y que sus camaradas pudieran huir y son venerados como héroes. Otros fallecieron ahogados, sobre todo ancianos y algunos niños, que no pudieron llegar a aprender la técnica o fueron alcanzados por los ataques de sus perseguidores.
-Por eso quiero que aprendas cómo bucear, hijo -dijo el maestro- y para ello he llamado a Swampert, el mismo que nos ha enseñado a todos nosotros.
-Bueno Armaldo -avisó Swampert- espero que estés recuperado, porque este movimiento necesita resistencia. Como pudiste comprobar, el agua no os sienta bien, perdéis temperatura corporal rápidamente y con ello velocidad.
-Estoy preparado -afirmó Armaldo-. En sus ojos brillaba un destello de interés y voluntad.
Por suerte para Armaldo, este toleraba mejor el agua que el veneno. El agua estaba fría y al principio su cuerpo caía como un plomo al fondo por su peso (no olvidemos que es de tipo Roca), pero consiguió hacerse con los movimientos básicos en pocos días. Admiraba la facilidad que tenía Swampert para bucear, sus movimientos eran eficientes, no parecía gastar energía y su velocidad bajo el agua era muy alta. Para completar su entrenamiento, Armaldo debía encontrar una perla verde que previamente había escondido su maestro.
El planteamiento era sencillo, pero el joven no sabía lo que le esperaba en las profundidades.
Armaldo tomó aire y se introdujo en las gélidas aguas. El lugar parecía oscuro, pero se dio cuenta de que el hielo obstruía el paso de la luz solar. Decidió cargar contra el hielo y destruirlo y aunque era muy grueso, al final se rompió en mil pedazos tras varios ataques con la cola y con las pinzas.
Con mayor luz, podía ver mejor y en poco tiempo alcanzó a ver la perla. Dio unas brazadas para alcanzarla cuando sintió que algo lo retenía. Cuando se giró vio la aleta de un Carracosta golpearle la cara. La gran tortuga también había visto el tesoro y parecía interesarle. Armaldo se vio en una encrucijada: si salía a coger aire para combatir, perdería la perla; si cogía la perla e intentaba huir, Carracosta se lo impediría con su mayor velocidad. Decidió combatir para al menos ahuyentar al enemigo y salir cuanto antes de la prisión acuática.
Comenzó lanzando ataques directos y potentes, pero la poderosa coraza de su rival impedía que recibiese daños significativos. Carracosta contraatacó con un Acua Jet que golpeó de lleno. La cosa no iba bien, tenía que aguantar la respiración y combatir. Decidió utilizar Puya Nociva para intentar envenenar a su rival y minar su energía. Su estrategia funcionó y observó que la gran tortuga se movía cada vez más lentamente. Un último golpe con la cola hizo a su enemigo huir y pudo rescatar la perla.
Cuando salió del agua con el premio, sus maestros le felicitaron por el buen trabajo.
Ya había aprendido dos de las tres técnicas secretas.
La tercera era algo muy especial, un movimiento muy poco común en esta especie.
Ajenos al exterior, los tres pokémon continuaban el entrenamiento, mientras una desgracia avanzaba impasible desde el sur.
Capítulo 4. Luz y oscuridad
El origen de la tercera técnica también aparece en la leyenda de la tribu de Armaldo.
Recordemos: tuvieron que huir de sus enemigos atravesando el mar gracias a las enseñanzas de Swampert. Durante el periplo tuvieron que soportar condiciones muy duras, como tempestades, fuerte oleaje y bajas temperaturas, entre otros problemas.
Pero por fin un día soleado alcanzaron tierra firme. Muchos llegaron en un estado lamentable tras el duro viaje. Lo primero que encontraron en su nuevo hogar fue a 2 gigantescos Aerodactyl destruyendo un bosque en el que florecían las gracídeas, que en aquella situación tenían un color gris y estaban cerradas. La fragilidad de los pequeños pokémon planta que habitaban el bosque les llevó a luchar a los pocos que seguían con fuerzas para defender a esos pobres Shaymin. Los Shaymin son pokémon de aspecto delicado, pero esconden un gran poder en sus pequeños cuerpos, además, son muy longevos. Aun así, no podían hacer nada contra los Aerodactyl que los acosaban casi a diario para que les dieran bayas.
Tras unos días de lucha, ambos voladores cayeron y los Armaldos pudieron descansar. No obstante, si hay algo que caracteriza a los Shaymin es su gratitud y la demostraron regalaron a la tribu el don de la fotosíntesis, con una técnica muy común entre los pokémon planta llamada Síntesis. Este movimiento puede realizarse gracias a los cloroplastos que poseen las células de los pokémon planta. Son similares a los cloroplastos vegetales, pero en lugar de consumir energía para generar alimento, modifican la luz solar para convertirla en energía útil para el pokémon. Los Shaymin dotaron a aquellos Armaldo de cloroplastos como los suyos y haciendo que fueran hereditarios, en parte. Gracias a este nuevo don pudieron sanar sus heridas, pero el dolor de sus almas tardó en desaparecer.
-Pero papá, yo no soy capaz de realizar esa técnica
-Eso es cierto. Aunque tengas la capacidad que heredaste de tu madre y de mí, todavía no la tienes activa. Para activarla deberás utilizar la perla que rescataste antes.
-Pero, ¿por qué se hace esto?
-Es para evitar traiciones entre los miembros de la tribu, por eso es nuestro secreto mejor guardado.
Armaldo entregó la esfera a su padre, que la hizo brillar recitando unas palabras secretas. La luz verde que emanaba de la bola cubrió todo el lugar y rodeó a los pokémon. El joven sintió que sus fuerzas aumentaban y que sus heridas se curaban.
Estuvieron durante tres horas dentro de la esfera luminosa, pero sus ocupantes no percibieron tanta duración, se estaba muy cómodo allí.
Permanecieron en el lago durante tres días más, para terminar de recuperarse y practicar todo lo aprendido. Realizaron varios combates entre los 3 para afianzar conocimientos y probar situaciones límite.
Cuando completaron el entrenamiento se despidieron de Swampert y partieron de vuelta a su hogar. Habían pasado 3 meses desde que salieron de la bahía. Ahora Armaldo volvía más poderoso y capaz. Había madurado, pero todavía era un adolescente.
Cuando aun quedaba una jornada de camino, comenzaron a escuchar violentas explosiones que venían de la aldea. Rápidamente se subieron a una loma para observar mejor. Estaban atacando la aldea. Se lanzaron a la carrera y gracias a Síntesis pudieron llegar sin perder energía. Sus sospechas se confirmaron, un grupo de pokémon estaba atacando la aldea.
Eran un Mamoswine, un Rhyperior, un Rampardos y un Camerupt. Aunque todos podrían vencer sin dificultad al primero, era Mamoswine el que los lideraba. Este permanecía inmóvil sobre un lugar elevado vigilando a sus secuaces.
Padre e hijo analizaban cada detalle de sus rivales escondidos, creando estrategias y calculando el mejor momento para atacar. Armaldo se dio cuenta de algo raro en aquellos pokémon. Combatían con los ojos cerrados y de forma relajada pero eficaz; como si estuvieran dormidos. De vez en cuando experimentaban una ligera convulsión, similar a las de las pesadillas. Algo no encajaba. Solo Mamoswine permanecía con los ojos abiertos, pero inmóvil. Era muy extraño, pokémon dormidos que combaten como si estuvieran despiertos y un líder vigilante pero pasivo.
Decidieron atacar a Camerupt, que a priori parecía el rival más asequible. Se lanzaron como una avalancha contra en gran pokémon rojo. Sus vecinos se sorprendieron al principio de verles allí después de tanto tiempo, pero en seguida se unieron a los 2 nuevos para derrotar al rival. Éste les lanzaba rocas envueltas en llamas y a gran temperatura y los Armaldo contraatacaban con Puya Nociva, pero aunque le producían heridas ponzoñosas, este no parecía inmutarse. En vista de que no podían derrotarlo, decidieron inmovilizarlo con sogas, cosa que tampoco fue fácil.
Cuando lo intentaron con el resto de atacantes sucedía lo mismo. Armaldo se fijaba de vez en cuando en Mamoswine. Permanecía inmóvil. Le propuso a su padre atacar al ausente líder. Cuando varios guerreros se lanzaron contra el mamut, se encontraron de repente con la oposición de los 2 invasores que quedaban en pie (recordemos que Camerupt estaba fuertemente inmovilizado). Se dividieron en 3 grupos, 2 para los defensores y uno contra Mamoswine.
De alguna manera, Camerupt había conseguido escapar y se lanzó contra la madre de Armaldo. La pobre criatura fue aplastada por el peso de su rival, no tuvo tiempo de huir y su aliento se apagó allí mismo. Ni siquiera había podido hablar con su pequeño.
Ajenos a todo esto, Armaldo y su padre atacaron a Mamoswine con Puya Nociva.
El líder cayó capturado en poco tiempo tras recibir los golpes de las rocas lanzadas por sus atacantes. Todos sus secuaces quedaron inmóviles y cayeron desplomados al suelo al caer el jefe. Todo era muy raro, parecía que habían sido desconectados, como marionetas a las que se les rompen los hilos.
Mamoswine no opuso resistencia, solo se sobresaltó un poco. Parecía desorientado, como si hubiera despertado muy lejos de donde se acostó. Sólo preguntaba una y otra vez dónde se encontraba y quiénes eran esos pokémon tirados por el suelo (Rampardos, Rhyperior y Camerupt). Precisamente estos seguían dormidos, pero convulsionaban con mayor violencia. Estaban realmente encerrados en una terrible pesadilla.
Los aldeanos se quedaron muy extrañados. Nada tenía sentido.
Armaldo se recuperaba de sus heridas paseando cuando vio un Armaldo fallecido. Conocía a ese pokémon. Era su madre.
Las lágrimas se apoderaron de sus ojos. Lanzó un rugido de lamento que resonó por toda la costa. Su padre se giró alarmado y cuando vio el origen del dolor de su hijo, corrió hacia el lugar. ¡No puede ser, ella no! -gritaba cegado por el dolor y la ira-.
El amargo llanto de su hijo le fue contagiado. El resto de la tribu se acercó para descubrir la escena. Todos lloraban, era un día oscuro para el grupo. En medio de un cúmulo de sentimientos, una onda de energía se alzó hacia el cielo. El viudo había cargado sus pinzas al máximo que le fue posible. Iba a descuartizar a los asesinos de su esposa pero fue retenido por diez compañeros.
Le pedían que esperara. Algún día consumiría su venganza. Ahora solo podían intentar hallar el verdadero culpable, puesto que los invasores no parecían serlo. Alguien debía estar manejando los hilos desde las sombras.
Armaldo, abrazado al cuerpo de su madre, estaba roto por el dolor. Su infancia terminó ese día y en ese despreocupado pokémon aparecía entre sus sentimientos uno nuevo: La venganza.
Todo tendrá respuesta en la segunda parte del relato de Armaldo. Espero que os haya gustado la primera parte. En la próxima "temporada" habrá misterios y nuevos combates en la Prehistoria Pokémon.