Avance
Regreso sin gloria
Su viaje no terminará bien, pero si debe morir, sin duda alguna que lo hará con honor. Descubre los entresijos de la tercera aparición del Príncipe en 128 bits.
Por Rebel
| Publicado el día 22/05/2005 13:49
Año nuevo, Prince of Persia nuevo, o al menos es lo que Ubisoft mantiene con la veterana y archiconocida franquicia pérsica. Pues sí señores, la "tradición" implantada recientemente continuará en este 2005 que nos ocupa, concretamente gracias a la tercera (y presuntamente última) entrega de la sub-saga Las Arenas del Tiempo, tras el primer título del mismo nombre y el polémico El Alma del Guerrero (Warrior Within en el resto del mundo). Las peripecias y andanzas del desdichado Príncipe con el destino aún no han concluido y prometen dar de sí una nueva aventura cargada de acción, dramatismo y de la característica jugabilidad exótica marca de distinción de la serie, llevada hasta nuevos límites.
Por lo pronto, comenzaremos el avance en el que estamos repasando los acontecimientos pasados, y nos situaremos en el punto de partida de Prince of Persia: Kindred Blades. Nótese que la información a continuación expuesta contiene un importante número de detalles decisivos sobre la trama argumental que podrían arruinar la sorpresa a aquellas personas que no hayan jugado los títulos. Si éste es tu caso, lee a tu debida discreción.
Como bien sabemos, todas las desgracias de nuestro héroe se iniciaron en el preciso instante en el que el joven Príncipe abrió con la daga del tiempo el reloj poseedor de las arenas, previamente robadas de forma deliberada del palacio de un Marajá en la India, a incitación de un traicionero Visir en busca de poder. Consiguiendo gracias a ello que toda la ciudad-castillo en la que el príncipe y su séquito (incluido su padre) se hallaban fuera literalmente tomada por las arenas y convirtiera al resto de individuos humanos en figuras espectrales sin otra misión que matar, no quedaba más remedio que abrirse camino por todo tipo de trampas y fortificaciones espectaculares con la nada despreciable ayuda de Farah, una muchacha de muy buen ver que había sido capturada en el palacio del Marajá (de hecho era su hija). Inmunes ante el veneno arenisco, ambos jóvenes lograban, después de rozar la muerte en múltiples ocasiones, derrotar al malvado Visir (el planificador principal de toda la idea de robar las arenas, como ya hemos comentado) y poner fin a semejante pesadilla de auténticos locos, haciendo retroceder el Príncipe el tiempo justo antes de que el reloj fuera saqueado y dejando la daga a buen recaudo, con Farah. Un final exquisito para un juego exquisito en sus cuatro costados, un producto rezumante de aire clásico y con un estilo y una jugabilidad superlativas. Las Arenas del Tiempo logró ganarse al público debido a una atmósfera mágica y sensacional, a unas mecánicas súper adictivas, y a unos escenarios maestros y espectacularmente bellos que cautivaban por su elegancia. El auténtico revival de Prince of Persia era un hecho palpable y una inmensa alegría para la industria, que veía cómo una de sus sagas de más carisma regresaba por la puerta grande y con la intención de quedarse.
No tuvimos que esperar mucho para ser partícipes de la secuela, una apuesta diferenciadora y ciertamente polémica, que a la postre fue bautizada como El Alma del Guerrero; inspirado siete años después de los acontecimientos narrados en Las Arenas..., en el Alma del Guerrero se nos presentaba a un Príncipe crecido y arrogante hasta el extremo, un ser automático sin aparentes sentimientos ni personalidad definida cuyo único objetivo en la vida era matar a todo aquello que se interpusiera en su camino y modificar su destino, que le auguraba la muerte inevitable al haber abierto tiempo atrás el reloj de arena. El Príncipe era advertido de ello por un viejo anciano y se dirigía a la Isla del Tiempo, localización donde según la leyenda las arenas habían sido creadas y donde podría impedir su nacimiento con unos portales sobrenaturales que le conducirían al pasado. Presentando una puesta en escena oscura y siniestra en una clara antítesis a lo visto previamente, El Alma del Guerrero potenciaba notablemente el componente de lucha y acción de la oferta, ofreciendo muchísima más variedad de armas y unos combates alocados y frenéticos llenos de movimientos imposibles y toques cinematográficos por doquier. Todo ello a cambio de sacrificar los mapeados y la ambientación, tremendamente mediocre y estúpida en comparación con la primera entrega, hasta el punto de que la esencia madre de Prince of Persia se vio notoriamente atacada en pos de una propuesta más casualizada y sangrienta, más masificada con tal de llegar a más gente.
A veces es malo no cubrirse las espaldas...
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... sobre todo si el tipo que te viene por detrás...
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... es el mismísimo Príncipe de Persia
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