Cómo pasa el tiempo. Hace más de dos años que el primer
Bioshock llegó al mercado y recuerdo perfectamente todas las zonas de Rapture, sus desquiciados habitantes y la atmósfera subacuática que te sumergía, nunca mejor dicho, en una novela de Julio Verne. Los juegos buenos se recuerdan más fácilmente que los malos, es así. Las múltiples vías para solucionar los combates que abrían los plásmidos y una inteligencia artificial coherente convertían los enfrentamientos en un reto de superación para el jugador. Podíamos disparar con nuestra potenciada arma como en cualquier
shooter genérico, pero las estrategias (como colocar una mina de proximidad en un charco de agua, prender fuego a un
splicer y seguirlo para ver como se lanza al agua para apagarse y saltar en pedazos) que podíamos elaborar le daban a la jugabilidad una profundidad que hermanaba perfectamente con la ambientación.
El reto ahora es mayúsculo. Tras contentar a prensa y público, 2K Games tiene la obligación de sorprender y apaciguar a un público cansado de expectativas incumplidas y juegos lanzados a medio terminar. Para esto se han volcado y nada más que cuatro estudios de programación están trabajando en esta secuela: el estudio Irracional Games sigue al frente del proyecto a pesar de su reestructuración en 2K Boston y 2K Australia, la división de 2k Marin también está implicada, y también Arkane Studios como asistentes y Digital Extremes (los del
Dark Sector) en el apartado multijugador. Mucha gente para un juego que debe ser un referente en el género más manido de la presente generación y que, al ser una continuación, pierde el factor sorpresa de inicio. Pasemos a los detalles.
La escafandra y el taladro
Volvemos a la ciudad bajo el mar diez años después. Aunque la estructura arquitectónica será similar, podremos encontrar muchas variaciones. La primera novedad es que ahora encarnaremos a un Big Daddy desde el inicio. Formaremos parte de este elitista grupo de buzos sobredimensionado con la resistencia de un tanque acorazado y un taladro que ya quisieran en el MOPU para acelerar las obras públicas. Pero olvidad la concepción del juego original: a pesar de la pesada armadura seremos mucho más rápidos, y el amplio arsenal de armas disponible puede combinarse con los poderes que las máquinas expendedoras de plásmidos nos ofrecen. Una curiosa mezcla entre el héroe (por llamarlo así) y su principal Némesis del título precedente.