Avance
Jugamos a la beta en castellano
Ya nos hemos balanceado entre los edificios de Ascension City.
Por Pablo Ayllón Lolo
| Publicado el día 23/03/2009 00:04
Llevamos un tiempo con ella, así que es buen momento para contaros la impresión que nos ha dejado la beta de Bionic Commando, la adaptación a PS3 y Xbox 360 del arcade que data de finales de los 80 y que el año pasado tuvo un remake para las plataformas de descarga. Al igual que con Street Fighter IV, Capcom demuestra con la revisión de Bionic Commando que el tiempo no significa nada si las bases son buenas.
Hablemos un poco del argumento antes de dedicarnos a lo que más nos interesa, la jugabilidad. Diez años después del juego original, Nathan Spencer espera su hora en el corredor de la muerte, donde ha acabado por cumplir las órdenes de su superior, Super Joe. El destino es caprichoso y quiere que justo antes de la ejecución un ataque nuclear siembre el caos en Ascensión City, de modo que Super Joe consigue que las fuerzas del orden escolten a Spencer hasta su presencia. Tras un encuentro en el que hay de todo menos palabras amables, Super Joe convence a Spencer para que le ayude a parar los pies a los terroristas que han lanzado el ataque. ¿La razón? Son soldados biónicos, lo mismo que el protagonista. Por eso él es el más indicado para combatirlos.
La seña de identidad de Bionic Commando siempre ha sido el uso de un brazo biónico extensible para interactuar con el entorno. Nathan no lo tiene implantado desde el principio, pero conseguirlo es el primer trámite del juego. Una vez esté en nuestro poder la jugabilidad nos abrirá sus puertas. Vayamos poco a poco.
Es curioso cuando menos que un título como Bionic Commando se presente hoy por hoy como una apuesta original. Hasta debajo de las piedras se pueden encontrar juegos de acción y shooters, pero el de Grin y Capcom va un paso más allá a pesar de contar con ambos componentes. El brazo biónico permite a Spencer balancearse por cualquier elemento del escenario con el fin de obtener una posición ventajosa de cara a los tiroteos. Una ciudad en ruinas como Ascension City es el sitio ideal para poner en práctica las habilidades de un Trazan biónico, ya que hay farolas, puentes destruidos, desniveles y grúas por todas partes. Es cierto que los primeros escenarios del juego son un poco lineales y pequeños, pero en cuanto hayamos dominado las peculiaridades del control nos encontraremos ante áreas más extensas con varios caminos.
Naturalmente, en cuanto conseguimos el brazo de Nathan asistimos a un completo tutorial que nos explica los fundamentos de su uso. El centro de la pantalla está ocupado por una mirilla para las armas de fuego y un indicador que se ilumina en color azul cuando apuntamos hacia una superficie a la que nos podemos agarrar. Explicar el manejo del personaje y de las armas a estas alturas es trivial, pero no el del brazo. Para lanzarlo hay que apretar el gatillo izquierdo (“LT” o “L2”, a gusto del lector), mientras que botón de salto sirve para recogerlo y acercarnos al objetivo. Además, si nos quedamos colgados de la parte inferior de una superficie suspendida, basta con pulsar de nuevo el botón de salto para colocarnos encima sin ningún esfuerzo. Hasta aquí todo resulta muy sencillo.
Controlar el balanceo es algo más complicado. Para hacer los mejores saltos y cubrir grandes distancias con soltura hay que soltar el brazo en el momento justo y así aprovechar la inercia. Al principio cuesta, pero es cuestión de práctica. Soltarnos en el momento adecuado puede dejarnos a tiro (ya se sabe que es más difícil acertar a un blanco en movimiento) o vendidos en el vacío. Spencer ni se inmuta al caer desde mucha altura, a menos que haya agua debajo. A ver quién es el listo que nada con un brazo de acero.
En función del tipo de desplazamiento que uno desee hay que soltar el brazo en un momento u otro. Por ejemplo, para salir despedidos de frente tenemos que hacerlo antes de que Nathan coja mucha altura en la trayectoria, de lo contrario saldremos hacia arriba. Tal vez no haga falta decirlo, pero todos los edificios se pueden escalar hasta la azotea. Si anclamos el brazo a una pared podemos descender haciendo rappel o movernos como un péndulo sobre la fachada. Uno se puede mover de mil formas diferentes por la parte de la ciudad comprendida en la misión siempre que se mantenga dentro de los límites impuestos por la radiación. Si nos acercamos demasiado a ella perderemos la vida.