Tras la sorpresa que supuso
Darksiders a principios de 2010, Vigil Games y THQ se lanzaron a continuar lo que podría ser una serie basada en los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Esta segunda entrega estará protagonizada por Muerte, quien tratará de desentrañar el complot por el cual acusaron a su hermano Guerra (protagonista del primer juego) de iniciar el Apocalipsis antes de tiempo. Para ello viajará al Abismo (similar al inframundo) y sus aventuras tendrán lugar de forma paralela a las de su hermano durante el primer juego. Vigil Games explicó que no quería centrarse de nuevo en el mismo personaje, ya que tenía a cuatro para elegir y optó por el jinete más popular.
Habrá cambios entre ambas entregas: el mundo donde se desarrollará la trama será mucho más grande, oscuro, peligroso y fantasioso, habrá enemigos de mayor tamaño y la propia Muerte tendrá otro estilo de ataque. Como ha declarado Vigil Games, a pesar de que el protagonista, el mundo y los enemigos sean distintos, los jugadores no tendrán problemas para identificarlo como su segunda parte, porque mantiene la esencia de
Darksiders, los diseños del dibujante Joe Mudeira y sus tres principales ingredientes: acción, plataformas y puzles. Volveremos a recorrer los diferentes pasajes (todos unidos por uno central) varias veces para encontrar tesoros (reliquias, potenciadores, armas) que no pudimos la primera por no disponer de cierta habilidad. Se mantendrá la misma proporción de los tres ingredientes, pero al ser un mundo más grande y completo que el anterior parecerá que hay mayor dosis de exploración y de puzles.
Si Guerra era brutal, fuerte, directo y noble, Muerte es más elegante, letal y veloz en sus movimientos. Su personalidad es sádica, fría, arrogante y oportunista y no pasan desapercibida su voz, su forma de hablar y su máscara de calavera. Al ser el jinetes más antiguo (ya existía desde los albores de la humanidad), es respetado y temido a partes iguales, más cuando su especialidad es la muerte misma. No en conflictos, hambrunas o enfermedades, sino que directamente liquida a todo ser viviente, pues es el sentido de su vida.