Lionhead Studios preparaba algo, de eso no cabía duda. Días antes de que diera comienzo la Gamescom 2009, en su página web actualizaban cada mañana con un nuevo personaje histórico y una cita suya. Los títulos que se barajaban eran, básicamente,
Fable y
Black and White. Fue en la conferencia matinal de Microsoft en la que Peter Molyneux retiró el halo de misterio entorno al proyecto que tenía entre manos la compañía. Tras anunciar
Fable II en formato episódico, Peter pronunció las palabras mágicas: "Hablemos de otra cosa nueva...
Fable III. Por supuesto que estamos desarrollando
Fable III, estaríamos locos si no lo hiciéramos". Sin duda, esta tercera entrega necesita un buen cambio, una mecánica totalmente nueva, para que no se convierta en lo mismo una y otra vez. Esa característica, "nueva, fresca y diferente", es el "poder y sentirse poderoso".
En la saga ha habido una clara evolución de concepto: en el Albion de
Fable, muchos héroes vagaban en busca de la gloria; en
Fable II, el único que quedaba de su estirpe era el protagonista, que consigue forjarse un buen nombre en el mundo fantástico; en
Fable III damos el último paso que queda por dar: de héroe a rey. Esta idea es el eje principal del juego, en torno al cual girarán nuevas mecánicas y localizaciones. Y es que no hay que olvidarse de Albion, el mundo en el que tiene lugar toda la saga, pues es un factor importante para el desarrollo de la aventura.
El argumento de esta tercera entrega nos sitúa cincuenta años después de la segunda parte, en medio del fragor de la revolución industrial durante la época napoleónica. Esto dará lugar a una contaminación en aumento que afectará las zonas verdes que hay por todo Albion. Además, las criaturas que las pueblan se verán obligadas a irse a vivir bajo tierra, aunque estarán todavía presentes (sospechamos que esto tendrá cierta importancia a lo largo de la aventura). Todo esto formará parte del inherente mundo de las decisiones de
Fable. ¿Dejar que el progreso arrase la naturaleza para una vida mejor y más confortable o tomar cartas en el asunto para limitarlo y que no sea excesivamente dañino para el medio ambiente?
El protagonismo recaerá esta vez sobre el descendiente del protagonista de
Fable II. A pesar de que el principal aliciente de este tercer capítulo es gobernar, no comenzaremos el juego con todo el poder en nuestras manos, sino que tendremos que conseguirlo. El camino al trono no será fácil y el último paso antes de llegar a él será una revolución en toda regla. Para llevarla a cabo deberemos conseguir aliados que apoyen nuestra causa y realizar promesas de todo tipo. Y al igual que ocurre en la política real, una vez tengamos el poder, seremos libres de mantener lo que prometimos u olvidarnos discretamente.
Con la llegada al trono aparecerán las responsabilidades, y es que ser rey no es nada baladí. Las decisiones esta vez serán de una magnitud mayor, ya que no seremos nosotros los únicos afectados o un pequeño grupo de personas, sino toda la población de Albion. ¿Ser bueno o malvado? Las posibilidades en este punto se multiplican gracias a las diferentes acciones que podremos realizar como gobernadores. Un ejemplo es gestionar los fondos públicos, que bien podrán ser utilizados eficientemente en obras públicas y hacer más fácil las vidas de los demás, o bien destinarlos a un beneficio más personal como dictan las normas del político corrupto.