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Mi Vida

Unos dicen que el destino está escrito, y que hagamos lo que hagamos así es cómo ocurrirá. Otros dicen que el destino lo formamos nosotros con nuestras acciones. Yo ya sé la verdad.

Por Álvaro Morillas Correa | Publicado el día 27/09/2004 20:56

No podía resistir la idea de que mis padres y mi hermana hubieran muerto, me afectó mucho, y más siendo tan pequeño. Así que decidí que vengaría su muerte. Había ingresado en la Hero's Guild (la universidad del héroe) y tenía que prepararme para ser de utilidad. Desde los incidentes en mi pueblo decidí que seguiría el camino de la bondad, pero pronto aprendí que para seguirlo hace falta hacer muchas cosas y que no siempre iba a ser posible. Por ejemplo, para recuperar salud debía comer, pero comiendo Carne Roja, mi grado de maldad aumentaba (a saber qué le dan de comer a las vacas de hoy en día), al igual que comiendo Pollito Crujiente (cuando pregunté por qué era crujiente, me dijeron que era por los huesos, naturalmente no volví a comer pollitos, pobrecitos). Si quería ser un héroe querido, y no temido, debía ayudar a la gente de bien, y no a los bandidos.

Pero aún era joven, y no sabía ni cómo empuñar un simple palo. Poco a poco me fueron enseñando, gracias a la ayuda-confrontación con mi compañera Whisper. En mi adolescencia (un paso de niñez a adolescencia algo brusco, a mi entender) me enseñaron a empuñar armas de mano, como espadas o hachas, aunque todas se manejaban igual, y era realmente sencillo. También me enseñaron a manejar armas de larga distancia (arcos y ballestas), muy divertidos, por cierto, cuanto más tiraba de la cuerda, con más fuerza salía la flecha y más daño hacía a mis enemigos. También me enseñaron magia, aunque a decir verdad, mis preferencias se dirigieron a perfeccionar mis artes de lucha cuerpo a cuerpo, así que me desarrollé más físicamente que espiritualmente.

Me hice mayor y llegué a la edad en la que debía examinarme para ser Héroe. Lo conseguí prácticamente sin dificultad. Ahora podría regresar cuando quisiera a la Guild porque era mi casa, y allí podría reponer fuerzas y recibir encargos. La vida de Héroe es dura y hay muchas cosas por hacer. Mi maestro me daba misiones a lo largo y ancho de todo Albion y yo las iba solventando como buenamente podía. Algunas misiones tenían que ver con mi vida personal e iban avanzando en el inevitable destino que era el de vengar a mi familia. Y otras simplemente me servían para coger experiencia en el noble arte del heroísmo. No sólo tenía que ir a la Guild a obtener misiones, también durante mis viajes encontraba a personas que requerían de mi ayuda. Yo optaba si quería ayudarlos o no. Algunos me daban mala espina y tenía la sensación de que sus peticiones se encaminaban a hacer el mal. Gracias a mi determinación lograba darle la vuelta a la tortilla y hacer todo lo contrario de lo que ellos me pedían. Por ejemplo, una vez unos bandidos me pidieron que les ayudara a liberar a su jefe, que había sido injustamente condenado a muerte en un pueblo fortificado. La cosa me olía mal, así que les dije que de acuerdo, pero me dirigí en calidad de mensajero al interior del pueblo. Allí el alcalde me contó lo que había ocurrido, y no pude hacer otra cosa que intentar echar a patadas a los bandidos.

El "Terror de las Chicas" era yo. Ese mote me gusta más que "Chicken Chaser".

Aunque no me gustaba utilizarla, también a veces recurría a la Magia.

A veces me aburría o me apetecía disfrutar del paisaje, y me ponía a pescar.
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Otros avances de este juego:



Cómo llegar a ser un héroe.

Musashimaru  10/08/2003 23:07 


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