Es difícil innovar en los tiempos que corren, pero siempre hay algún que otro estudio que coge el camino menos fácil para intentar triunfar dentro de un género tan superpoblado como el de los
shooters. En este caso la tercera persona es la vista elegida. La premisa de
NeverDead es muy peculiar. El protagonista es Bryce Boltzmann, un hombre que ya ha vivido más de 500 años. Hace medio milenio, Bryce era un cazador de demonios y se enfrentó al rey de ellos. Este conflicto terminó con su mujer muerta y con él inmortal. En el presente, Bryce es contratado por la NADA (siglas inglesas de la Agencia Nacional Antidemonios) para volver a luchar contra los monstruos del infierno y, ya de paso, conseguir su deseada venganza y quizás la mortalidad.
Una de las ventajas de ser inmortal es que uno nunca muere, valga la redundancia. Es decir, si nos arrancamos un brazo, seguiremos respirando tranquilamente. Esto promete muchas posibilidades en lo que a jugabilidad se refiere. Nada más comenzar estamos ante un
shooter en tercera persona normal y corriente. Bryce acostumbra a llevar un arma en cada mano y la mecánica será idéntica que los demás del género. Sin embargo, tenemos la posibilidad de desmembrarnos a nuestro antojo.