Un nivel y medio es todo lo que hemos podido probar de
Ninja Gaiden 3. No queremos que suene a queja, pero la verdad es que no ha sido suficiente para disipar muchas de las dudas generadas por lo nuevo de Team Ninja. Independientemente de que esté Itagaki o no (ahí sigue el morbo por saber si sus sucesores estarán a la altura), muchos seguidores de la serie se han puesto a la defensiva ante el carácter más permisivo del juego y la incorporación de los temidos
quick time events. En este breve espacio intentaremos arrojar un poco de luz sobre estos y muchos otros asuntos.
En primer lugar está la historia. Después de las cotas de absurdez alcanzadas por la segunda parte no sabíamos muy bien que esperar, pero para nuestra suerte el componente peliculero se muestra más comedido. Todo comienza con Ryu en la parte más alta del Big Ben, desde donde se tira hacia unas calles infestadas de terroristas que están al servicio de un hombre enmascarado. El ninja consigue llegar hasta él pero no evitar la muerte del primer ministro y la destrucción de Londres, un aviso de la amenaza que se cierne sobre el mundo. Además, su siniestro enemigo le lanza una maldición que le deja el brazo un poco raro, claro que a cambio también gana poderes aún más sobrehumanos.