Después de las temporadas de sequía llegan las inundaciones. Ahora el género de la lucha vive una segunda juventud y dos empresas centran toda la atención del aficionado. Obviamente nos referimos a Capcom y a Namco Bandai, desarrolladoras que cruzarán sus series más emblemáticas en dos
crossovers revolucionarios. Pero la casa del comecocos llegará tarde a esa doble cita por la cantidad de títulos que tiene en cartera para el presente año. Acaba de publicar la quinta entrega de
Soulcalibur y ya prepara la salida de un nuevo
Tekken, su serie más emblemática. En esta ocasión se trata de
Tekken Tag Tournament 2, segunda parte de una recreativa aparecida a finales del siglo pasado y que acompañó la salida de Playstation 2 en su versión doméstica. Desde hace poco está disponible
Tekken Hybrid en Playstation 3, un curioso producto que incorpora en el mismo disco una versión remasterizada en alta definición de la primera parte, una demostración de esta segunda que tratamos hoy y la película
Tekken: Blood Vengeance.
Katsuhiro Harada y su equipo tienen mucho trabajo. La competencia en el género es muy fuerte y ahora los derroteros van más por el juego en línea (en torno al que se crea una comunidad de jugadores) que por los tradicionales añadidos especiales como
Tekken Bowl (en el que jugábamos a los bolos) o
Tekken Force (en el que recorríamos escenarios mientras luchábamos). Como los títulos de combates por equipos están ahora mismo en auge, han pensado en apuntarse a la moda con un nuevo
Tag Tournament en lugar de la séptima entrega cronológica que tocaría ahora. Esta segunda parte, que salió en los salones recreativos en septiembre de 2011 bajo la placa Namco System 369, aparecerá antes de que finalice el presente año tanto en Xbox 360 como en Playstation 3. No se ha hablado nada de una hipotética versión para Wii U (sí que hay un
Tekken en desarrollo para la nueva consola de sobremesa de Nintendo) o para alguna de las nuevas portátiles, pero no nos extrañaría que así fuese.