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Katamari Damacy
Rodando voy, rodando vengo
Por todos es sabido que hay miles de juegos que, por su particular desarrollo, no salen de Japón. El más claro ejemplo son los simuladores de ligar, donde por medio de diálogos hemos de conquistar una cíber-mujer; lo de los simuladores va más allá, hasta conseguir una limitación poco acentuada, con juegos que simulan que tenemos una mascota, que somos profesores, que nos bañamos, que saltamos a la comba, que vamos al baño a hacer nuestras necesidades... De todas formas, dejando de lado "japonesadas" y centrándonos en el ocio electrónico en general, nos encontramos con que son estos personajes los que más mueven el mercado en cuanto a temas de innovación.
Compañías como Namco, Square Enix, Capcom, Konami, etcétera bien lo demuestran, pues no hay más que ver sus catálogos para encontrar al menos un referente en el género dentro de los videojuegos que han desarrollado. De todas formas, no nos vamos a ir por las ramas.
El motivo de este texto es una de las últimas obras de Namco, Katamari Damacy, un juego raro como pocos que sorprendió a propios y extraños con una mecánica bastante innovadora. Las notas otorgadas a tal juego por las diversas publicaciones niponas eran desorbitadas, lo que no nos extrañó demasiado por la afición de los nipones a las cosas raras; ahora si, cuando llegó a tierras americanas ya nos sorprendió como páginas como IGN y GameSpot le otorgaban notas de 85 en adelante.
Con este panorama, una "frikada japonesa" que triunfaba en el mercado occidental, no pudimos quedarnos como si no pasase nada y, raudos y veloces, consideramos importar una copia americana del juego. Bien, tras muchas horas de vicio ya tenemos un veredicto para Katamari Damacy y es que, todo lo que se ha dicho es poco. Entremos de lleno en el argumento del juego.
Una de astrología, por favor
Hay un problema en el cosmos, las estrellas y las constelaciones están desapareciendo misteriosamente, quedando la noche una simple capa negra sin sus famosas lucecitas. Los humanos se percatan de esto y entran en una fase de shock, otorgándole a una niña bastante pequeña el don de ser informada cuando alguna constelación se recupera.
Como no, los habitantes de House Land no podían dejar de ayudar a sus primos terrícolas, por lo que tomaremos el rol de Prince, el príncipe del cosmos. Nuestro padre, el Rey del Cosmos toma este hecho como un entrenamiento y nos manda a la tierra a recuperar las estrellas. La forma de recuperarlas es cuanto menos interesante, y es que con una pelota llamada Katamari hemos de recoger todos los objetos que encontremos en cada fase hasta llegar a un diámetro previamente establecido con el fin de que una vez completamos la fase, nuestro padre envíe dicha pelota al espacio y lo convierta en una nueva estrella.
Suena fácil, ¿verdad? Pues quitaos esa idea de la cabeza, por de que fácil tiene poco.
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