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Polar Express
Descarrilando
Lo que nunca conseguirá Renfe
Cuando en el mundo de la prensa que gira entorno a los videojuegos se utiliza aquella cursilada de "este es un juego para los más pequeños de la casa", suele esta actuar como eufemismo para decir "este es otro juego mediocre basado en la licencia de una película, que quizá y solamente quizá, pueda gustar a niños que no exigen demasiado".
Este es un juego para los más pequeños de la casa.
Para situarnos, este es un juego basado en una película que, a su vez, está basada en un libro. Como todo cuento navideño moderno, gira en torno a Papá Noel. Papá Noel, tiempo atrás, era conocido como San Nicolás (Sinterklaas), patrón de la ciudad de Amsterdam, y todas las navidades debía regalar un regalo a los niños que se habían portado bien. A los que no, les traía un zapato con ramas dentro (o tal cosa se puede juzgar a partir de la pintura flamenca de la época). Pero el tiempo pasa, y Santa Claus tuvo que adaptarse a los tiempos modernos: pasó de ser un barbudo holandés vestido de verde que fabricaba juguetes para tomar una forma más publicitable: así, se vistió con los colores de Coca-Cola, para transformarse en un gordo burgués y mercachifle que - lejos de fabricar a mano los juguetes- optó por un alienante modo de producción en serie explotando a pequeños elfos que- sin derecho a sindicalizarse- trabajan día y noche para hacer muñecas Bratz, vestidas a la última moda y hasta que la moda se pase. En Polar Express, un tren aparece en la puerta de las casas de los niños, y los viene a recoger, para ir al Polo Norte a conocer a el tirano Santa Claus. Los críos, un poco inconscientes, se suben al tren para iniciar el viaje: ¿No tienen miedo de que les estén arrastrando a algún miserable orfanato ruso? ¿O de acabar trabajando catorce horas al día, haciendo pelotas de Nike, en algún "sweatshop" de Vietnam? De todas formas, parece que pese a lo sospechoso que resulta, el tren sí lleva al Polo Norte.
Pero bromas a parte, cabe decir que la idea de la historia, como cuento infantil, no está nada mal. Además, este concepto funciona bastante bien para la película de animación, de hecho es bastante destacable como se ha conseguido dotar al film de una estética bastante agradable, donde los tonos fríos del exterior contrastan con los cálidos del interior. La historia, en un principio, gira en torno a como una marioneta realmente fea llamada Scrooge- como en el cuento de Dickens- se dedica a robar los billetes de tren de los niños del Polar Express, y estos niños tratan de recuperarlos.
Tú tomas el papel del protagonista de la película en este curioso viaje al ártico. El día de nochebuena, un tren para en tu puerta, y Tom Hanks, luciendo un bigote modelo francés, te invita a subir a un tren que te llevará a través de un montón de aventuras, y acabará mostrándote al verdadero Santa Claus, latigando cruelmente a sus renos voladores, sobre un gigantesco árbol de navidad. ¿Te apuntas al viaje? Tienes el billete en tus manos, es bastante grande, de un color amarillento y con un diseño bastante antiguo. Puedes romperlo o puedes subir. En las siguientes páginas encontrarás razones para hacer lo primero.
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