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The Need For Speed 2
Cuando la velocidad es necesidad
Chasis tubular en fibra de carbono, motor trasero longitudinal V12, 60 válvulas, una potencia de 513 CV, frenos de disco de 356mm/335mm para actuar sobre ruedas de 245/335 en llantas de 18 pulgadas. Con semejante carrocería se puede acelerar de 0 a 100 en 3,7 segundos y alcanzar una velocidad de 325 km/h. Unos no pueden acceder a este avión sobre ruedas porque aún no tienen carnet de conducir y otros, aunque ya lo tienen, no disponen de los 40 millones a desembolsar para hacerse con una de estas maravillas. Para sobrellevar estas pasiones frustradas siempre nos queda la informática y The Need for Speed 2, que, superando a su predecesor, se acerca a la realidad a una velocidad vertiginosa.
Pisar a fondo el pedal del acelerador, escuchar el chirrido de la zaga patinando y hacer contravolante para evitar el trompo es sólo el comienzo. Ni con esta frase ni con la jerga propia de la crítica automovilística que veréis a lo largo de este artículo pretendemos hacerle la competencia a las revistas del motor, pero con esta anhelada segunda parte es imposible evadirse de la atmósfera que emana el automovilismo fuera de serie. Sería absurdo decir que pilotando en The Need for Speed 2 experimentaréis las sensaciones de ensueño que proporciona la conducción de un Ferrari F50, pero sí podemos aseguraros que nunca antes habréis estado tan cerca de ellas.
En el juego se distingue que aunque en Renegade han tomado como base la misma plataforma del modelo anterior y el parecido se aprecia desde el primer vistazo, han desarrollado e introducido tal cantidad de novedades, todas ellas la vanguardia de la técnica, que estamos ante un programa que revolucionará el género, adelantando a representantes del mismo segmento tan cualificados como Screamer 2 o Sega Rally.
Sólo la unidad de pruebas ya demuestra lo que trae el juego al completo: sobredosis de adrenalina provocada por un realismo de pilotaje y una sensación de velocidad sólo al alcance de los más experimentados al volante pues, ante todo, Need For Speed II pretende ser un auténtico simulador de velocidad y potencia en el que disfrutar de estos coches sea un hecho.
Para empezar, tendremos que acostumbrarnos a los botes que pega la perspectiva subjetiva en cada bache y a la pérdida de control direccional al bloquear los frenos, al derrapaje por acelerar brúscamente o el patinaje a la más mínima pasada sobre la hierba y demás superfícies deslizantes, sin olvidar los toques contra los demás vehículos. Los seis circuitos rebosan dificultad en cada curva, y los badenes con los consiguientes vuelos por el aire, unidos a los vuelcos y a la brutalidad de los impactos, pondrán a prueba nervios y destreza. El detalle de los circuitos es de lo más variado. Empezando por una pista de velocidad sencillísima y terminando por la más peligrosa carretera de montaña que podamos ver jamás.
Cada coche tiene sus propias características y cualidades bien diferencias de sus otros siete contrincantes. Dependiendo del modo en el que queramos jugar o la estrategia que deseemos utilizar, deberemos escoger cuál de los ochos automóviles es el ideal para cada situación. Por ejemplo, si nosotros preferimos una aceleración potente y una buena sujección al asfalto en las curvas, rechazaremos aquellos potentísimos coches que nos ofrezcan la posibilidad de alcanzar los 300 km/h para recibir a aquellos que son más manejables.
El grado de similitud con el que ha sido representado el comportamiento típico de cada uno de los modelos está avalado por la participación de las respectivas marcas en el proyecto. Gracias a esta colaboración también ha sido posible recrear con precisión de modelo a escala tanto el interior como el exterior de todos los deportivos. Los cuáles presentan un acabado más que positivo gracias a la calidad gráfica que el título presenta ya por sí solo. Si a esto le añadimos que, además, ha conseguido recrear estas bellezas a la perfección, se convierte en un juego más que deseable por aquellos seguidores de la velocidad.
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