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Prince of Persia: El Alma del Guerrero
El Príncipe se pone chulo
Una lucha contra el destino.
En navidades de 2003 el mundo de los videojuegos fue testigo del regreso de una de las franquicias más clásicas y populares de los 80 tras un largo periodo de ausencia. "Prince of Persia", de mano de Ubi-Soft Montreal, saltó a la primera plana de la actualidad del ocio electrónico y además por la puerta grande, gracias a "Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo". Un título de plataformas y aventura de exquisita elaboración donde una refinada jugabilidad y una dirección artística encantadora destacaban por encima de todo, convirtiéndose con todos los honores en uno de los mejores juegos de 2003 y en un clásico contemporáneo. PlayStation 2 y los PC fueron las primeras plataformas en recibir el título en Europa, pero pocos meses tuvieron que esperar los usuarios de Xbox y GameCube para recibir sus correspondientes versiones.
Gracias a su alta calidad, el juego recibió los elogios de crítica y usuarios, amén de un éxito comercial considerable. La mejor resurrección de una saga clásica en esta generación junto a "Metroid" y "Ninja Gaiden", sin duda. No es de extrañar dadas las circunstancias que Ubi-Soft prepara una secuela, por lo que un año después de "Las Arenas del Tiempo" fue lanzado la segunda parte de la sub-saga iniciada por dicho título, que recibiría el nombre de "El Alma del Guerrero" ("Warrior Within" en inglés). En esta secuela participó un equipo bastante más reducido que el de la primera parte, además de no contar con la colaboración del creador de la saga, el genial Jordan Mechner, quien supervisó el desarrollo de "Las Arenas del Tiempo". Además se tomó una dirección distinta en más de un aspecto, que pasaremos a comentar después.
Pero antes de nada conviene comentar la historia de "El Alma del Guerrero", la cual sucede unos diez años después de su antecesor. Ahora el Príncipe ha pasado de ser un adolescente inexperto a un consumado guerrero curtido en mil batallas. Y en todo este tiempo ha tenido oportunidad de ganar toda esa experiencia, ya que nuestro protagonista las ha pasado canutas desde que nos dejó en el final de "Las Arenas del Tiempo".
Todo ello se debe a que estaba escrito que, aquel que liberase las Arenas del Tiempo del Reloj de Arena mágico (que recordemos, el padre del Príncipe robó del castillo de un Marajá) deberá morir. Y como recordaréis si jugasteis a la primera parte, el interfecto que abrió el reloj de marras fue el Príncipe. No obstante, este consiguió volver a meter las Arenas en el reloj, retrocediendo con ello en el tiempo para evitar que todo aquello que vivió nunca llegara a pasar en realidad. Pero el destino no estaba dispuesto a que el Príncipe le burlara, por lo que el guardian de la Línea del Tiempo, una bestia indestructible llamada el Dahaka, salió en su busca para acabar con él.
Tras años de huida sin freno, el Príncipe al fin descubre un modo de librarse del Dahaka: viajar a la isla de la Emperatriz del Tiempo, lugar donde se crearon las Arenas, viajar al pasado y evitar que estas lleguen a ser creadas para que así el monstruo no tenga nada contra él y le deje en paz. Pero la cosa no será fácil, ya que la isla está poblada por hordas de monstruos a las órdenes de la Emperatriz que, por razones en principio desconocidas, quiere al Príncipe muerto.
Así empieza la nueva aventura del Príncipe de Persia. Una cruzada en el que deberá luchar por escapar de la muerte y cuyo buen término depende de nosotros.
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