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Knightmare
Popolón busca a Afrodita
La saga Knightmare
No pondríamos la mano en el fuego, pero estamos tal vez frente al primer juego cuyo argumento consistía en un apuesto caballero que debía luchar contra las fuerzas del mal para rescatar a su chica, se tendría que comprobar. Tampoco estamos seguros al 100%, pero tal vez Knightmare sea la primera epopeya romántica de Konami. Y por último tampoco es para jugarse el cuello, pero creemos recordar que MSX no tenía ningún juego anterior con esta temática. Sea el primero o no, con esta introducción se espera haber dejado clara una cosa, al jugar nos estamos adentrando en los albores de la historia (de los videojuegos, se entiende) y éste es uno de los juegos que marcó el camino a seguir de muchos otros que han salido a posteriori.
El juego se desarrolla bajo la forma de un shoot'em up de scroll vertical, un concepto completamente diferente a sus dos secuelas, el impresionante The Maze of Galious y el inédito en España Shalom, ya que ambos son action-RPG. Eso sí, aún con el cambio de nombre (que a algunos puede desconcertar), la historia de las tres partes se continúa a la perfección y juntas coforman una de las mejores sagas de MSX.
El arco argumental que aquí nos ocupa es el siguiente, Afrodita (diosa griega del amor y la belleza) es secuestrada y hecha prisionera por el príncipe de las tinieblas. Popolón, un apuesto guerrero griego enamorado de la diosa, parte en su busca, pero no logra encontrar el castillo de las tinieblas; exhausto, cae dormido, cosa que aprovecha Hera para aparecerse en sus sueños e indicarle el camino del Monte Athos, lugar donde se halla prisionera la diosa, y le aconseja que use las joyas que Afrodita ha dejado caer y los cristales del Olimpo que los dioses le enviarán para ayudarle en su empresa. Popolón, con la fuerza y la esperanza renovadas, parte hacia el monte Athos en busca de su amada pero el ejército de las tinieblas se pone en marcha poniéndole las cosas muy difíciles a nuestro héroe.
Y cuando decimos que le pone las cosas difíciles, es que se las pone realmente difíciles, pues a lo largo de siete fases (bien diferentes entre ellas, según los estándares de la época, ya que hay praderas, ruinas, castillos, cañones, bosques...) nos encontramos una amalgama de enemigos increíble: bombas andantes, arqueros, esqueletos, bolas de fuego, murciélagos, fantasmas, brujos... todos con su propia rutina de movimientos y ataques, es decir, no son el mismo enemigo pero con traje diferente. Además están los ocho jefes finales de fase, a cada cual más duro: Medusa (la de los cabellos serpiente que te convierte en piedra), Desu (un esqueleto muy veloz que lanza guadañas), Satán (un demonio alado), Eruda (un monstruo al que solo puedes dañar si abre su único ojo), Sodoman (un caballero gigante que lanza hachas), Giganto (un hercúleo hombre que rompe el suelo con sus pisadas), Hiwotonato (un caballero blanco muy parecido a Popolón) e Hiyodonosu (el mismísimo príncipe de las tinieblas).
Apartado técnico
En la época en que no eran los gráficos lo más espectacular de un juego, ni la banda sonora, sino la originalidad y la addicción, Knightmare se muestra a un muy buen nivel para su época. Gráficos con detalles y colorido y variados, muchos enemigos en pantalla (a contar más de 15 a la vez) todos con sus disparos (lo que ralentiza el juego, no nos engañemos). Por otro lado, la aventura tiene unas melodías animadas y que acompañan bien y unos efectos de sonido correctos.
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