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DRIV3R
Tanner, esto no es propio de ti
Después de obras maestras como la saga Grand Theft Auto, no son pocos los títulos que han tratado de igualar tal magnitud de jugabilidad y diversión en un solo título. Muchos lo han intentado pero pocos lo han conseguido. El caso Driv3r no es uno de ellos, es más bien "lo que puedo haber sido".
Ambientado plenamente en una superproducción policíaca al más puro estilo Hollywood, encarnamos a Tanner, un agente federal que va tras la pista de uno de los mayores capos de la delincuencia americana. Misión tras misión, Tanner irá aproximándose a la cumbre de un caso perseguido por las mayores potencias policíacas de Miami.
A pesar de que únicamente los desarrolladores son los más indicados para teorizar sobre cómo funciona esto de los afectos en el ser humano, se puede tratar de expresar las enfrentadas sensaciones que nos ha producido el tan esperado Driv3r. Por decirlo en pocas palabras; el juego es impresionante, pero no todo lo redondo que esperábamos. La única explicación que encontramos al pequeño "regustillo" amargo que nos ha dejado es aquello de que cuando se espera mucho algo, luego suele parecernos menos.
Personajes caracterizados por famosas estrellas del celuloide como Michey Rourke, Michelle Rodríguez o Michael Madsen son algunos de los rostros que veremos a lo largo de las misiones de Driv3r.
La calidad gráfica de Driv3r no queda tan atrás como su diversión y jugabilidad. Los vehículos, personajes y escenarios no tienen mucho que envidiar a los de Liberty City. Fieles recreaciones de auténticas ciudades y vehículos. Al igual que los actores ya citados arriba que se han visto estupendamente doblados y recreados.
Driv3r, que nadie lo dude, está entre lo mejorcito que se ha visto nunca en consolas como PlayStation 2. El problema ha sido su presentación para PC, que es donde ha dejado ese mal sabor de boca entre los seguidores del género. El trabajo realizado por Reflections tiene un mérito enorme. Sólo por disfrutar de un paseo por esas calles tan impresionantes, ver los coches en movimiento, sus daños o los aparatosos accidentes, merecería la pena comprar el juego. En cinco minutos de Driv3r hay más juego y espectáculo que en meses de otros grandes títulos.
¿Qué pasa entonces? ¿De dónde nace nuestro descontento? Después de dar muchas vueltas al asunto, creemos que de dos aspectos concretos del juego: las evoluciones del personaje al andar y, en menor medida, el diseño de las fases.
Cuando Tanner pone el pie en el suelo, Driv3r baja muchos enteros y cuesta creer que Reflections haya dado por bueno un sistema de control algo tosco. En los espacios abiertos, o cuando no nos están friendo a tiros, es algo rudimentario pero más o menos aceptable. En las situaciones límites o en los sitios que requieren de cierta facilidad de movimientos, se descubre como una verdadera tortura que no mejora con la páctica. Si, como decía Martin Edmonton en una rueda de prensa día tras, las misiones a pie no excedieran el 20% del juego éste sería un mal menor, pero no es así. O se refería al total del juego contando los otros modos o el porcentaje es claramente erróneo. Son incontables las fases en que nuestro personaje tiene que bajarse del coche y la duración de algunas de estas es tan considerable que la sensación de estar jugando a Driv3r puede resultar un tanto ilusoria.
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