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Age Of Empires III: Age Of Discovery
Descubriendo el Nuevo Mundo
Aún recuerdo con nostalgia las largas noches en compañía de mi ordenador y Age of Empires II. Aquella época en la que muchos estrategas nos encontrábamos, en los albores del juego masificado online, en enormes salas de chat en las cuales concertábamos nuestras partidas a base de papel, lápiz y direcciones IP. Y es que Age of Empires II sorprendió en su época y aún sigue sorprendiendo por su rigor histórico, su excelente sistema de juego y sus numerosas posibilidades multijugador. Una saga, Age of Empires, que comenzó su andadura allá por 1997 convirtiendo a la estrategia histórica en el nuevo baluarte del PC. Una saga que, en fin, nos presenta hoy su tercera (pero no última, seguro) entrega.
De viaje con Colón
En el primer Age of Empires, dirigíamos civilizaciones desde la Prehistoria a la Edad Antigua. En Age of Kings, nuestras batallas recorrían de punta a punta la inquietante Edad Media. Age of Empires III, por supuesto, sigue la línea cronológica y nos presenta, en el marco de la conquista de América, la historia de los siglos XVI a XIX. La pólvora y las armas modernas, el sueño lejano de todos los imperios de la segunda entrega, tienen aquí el papel protagonista. Españoles, británicos, franceses, portugueses, rusos, otomanos, alemanes y holandeses son las ocho potencias en liza por la hegemonía en el Nuevo Mundo. Este enfoque es bastante innovador, ya que la mayoría de los juegos ambientados en esta época se desarrollan en Europa.
Por lo demás, Age of Empires III conserva fielmente el espíritu de la saga: nos encontramos ante un título de estrategia más bien sencilla y directa. Nada de manejar ejércitos de miles de soldados a lo Total War o de controlar todos los aspectos económicos y militares de una nación a lo Europa Universalis. Las partidas, que difícilmente exceden la hora, pasan por desarrollar brevemente tu civilización y tu economía para avanzar al aspecto crucial: la creación de un ejército y el sometimiento de tus enemigos. De modo que todo lo que vimos en anteriores entregas sigue aquí en espíritu y alma. Sin embargo, los desarrolladores han incorporado unos cuantos elementos que, si bien no suponen por sí solos una revolución, añaden bastante gracia al sistema de juego.
El más importante de ellos es la aparición de la metrópoli. Esta ciudad, a la que tenemos acceso en todo momento de la partida, se encuentra en nuestro país natal (por ejemplo, para los españoles es Sevilla) y se encarga de apoyarnos durante la partida, enviándonos desde unidades militares a nuevas tecnologías. ¿Cómo funciona esto? Durante el juego, a base de expandir nuestra colonia y de combatir, vamos ganando experiencia, que cada poco tiempo se materializa en forma de un posible pedido a la metrópoli. Pulsando un sencillo botón con la bandera de nuestra nación, pasamos a la ventana de la gran ciudad, la cual está perfectamente recreada en 3D. Una vez allí, podemos elegir el pedido que queremos seleccionando una carta disponible. Colonos, soldados, mejoras económicas, recursos...Al cabo de poco tiempo, recibiremos los bienes en nuestra colonia del Nuevo Mundo.
Pero la gracia de la metrópoli no acaba aquí, ya que podemos personalizar la "baraja" de cartas disponible. En todos los modos de juego nuestra ciudad va subiendo de nivel, con lo que tenemos acceso a la elección de nuevas cartas al final de las partidas, que podremos jugar en futuras batallas. Asimismo, es posible personalizar el aspecto de nuestra gran urbe cambiando el estilo de los edificios o contratando a diversos personajes que animen las calles.
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