Análisis
Vuelven los ochenta
Lujo, trajes de noche ceñidos en señores imponentes y carreras, sobre todo emocionantes carreras de coches.
Por Evaristo
| Publicado el día 15/11/2005 00:25
Mientras la España joven de los ochenta empezaba a desmelenarse en La Movida tras haber pasado decadas con un movidón, en el resto del mundo, y especialmente en EEUU, los yupies se encargaban de buscar a las mujeres más neumáticas, los coches más potentes y las drogas más duras... sin olvidar en ningún momento un estilo y un glamour que aún hoy arrastra fieles en los altos cargos de las grandes multinacionales.
Nos embarcamos de la mano de Bugbear en un mundo decorado con brillantes aunque especialmente centrado en las carreras de coches de lujo. Bueno, también hay chicas neumáticas, pero no hay animaciones de las partidas de ajedrez a las que seguro se dedica nuestro protagonista en esas largas noches que pasa con ellas, centrémonos en lo que importa en esta ocasión, en los coches. Recien llegado nos encontramos, casi por arte de birle y birloque, al jefe de un club de ricos que se dedican a la competición automovilística con coches de quitar el hipo, conseguir este ingreso a prueba será nuestro primer objetivo.
Ya os esto embarcando en el modo principal, una historia de cómo un pobre millonario que acaba de llegar a la ciudad consigue ir medrando en un club de alto standing ganando carrera tras carrera hasta vencer al jefe en un duelo por el dominio del club. La verdad es que a priori el argumento no es que sea simple, es que si consideramos que ir ganando carreras es requisito indispensable para avanzar en el juego, además es inevitable.
Sin embargo el adjetivo lineal consigue ser evitado en gran parte, al poder elegir varias vías en las que poder avanzar en la historia. No creo que esto quede claro, con un ejemplo quitaremos esa cara de duda que se nos ha quedado. Pasamos por varias ciudades en las que pasamos varios días en cada una, cada día podremos realizar una misión dándonos casi siempre unas pocas opciones entre las que elegir. Realmente, y como hemos dicho, acabar dirigiendo el club es inevitable - lo cual es algo decepcionante - pero al menos mientras se desarrolla la película podremos traicionar al actual jefe acumulando acciones del club para darle la puñalada trapera, o hacer de chofer con la modelo de moda más de moda saliendo el día siguiente en als portadas de todos los periódicos.
Con lo anterior queremos reflejar esa falsa sensación de libertad que sin embargo es perceptible y convierte la primera partida en algo muy divertido; claro que en sucesivas partidas nos hacemos mucho más conscientes de la linealidad del juego y baja enteros la importancia de la historia.
Dado que el juego no es excesivamente largo - alguien verdaderamente hábil se lo puede pasar en dos horas, teniendo que reintentar e intentando sacarle todo el jugo nos vamos a las cinco horas - debemos considerar su rejugabilidad: haberla hayla, y no es despreciable pues debremos pasarnos el juego en torno a las tres veces para ver todas las misiones, pero con total sinceridad hemos de decir que como la primera partida no nos lo pasaremos en ninguna, tanto la segunda como la tercera pasada no llegan a las buenas sensaciones que nos dio la primera vez, la diversión va bajando notablemente si no dejamos un tiempo de descanso entre cada partida, tiene el peligro de convertirse en repetitivo.
Te creerás muy importante, Señor Importante.
|
Coche de lujo con motor de vespino trucado.
|