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Garfield: The Search For Pooky
Garfield, te podías haber quedado durmiendo
Garfield no es uno de los personajes de viñeta con más años del panorama actual, pero desde su primero aparición a finales de los 70 ha conseguido ganarse el corazón de mucha gente, en periódicos, libros de cómics y publicaciones propias, muchas de ellas editadas en España. El que conozca a este gatuno personaje creado por Jim Davis sabrá que es la mascota de Jon Arbuckle, un solterón de vida aburrida que siempre está intentando ligar, con escasos resultados dado su peculiar concepto de lo que es una cita. Garfield comparte mimos con Odie, el perro de Jon, y siempre está deseando dormir y comer lasaña. A través de cada pequeña historia, el lector va descubriendo las relaciones del gato con los personajes que le rodean, y conoce su particular visión de temas tan humanos como el aburrimiento, el fracaso o la ilusión, todo ello siempre bajo un toque de fina ironía que desata más de una carcajada. En los 80 se estrenó una serie animada en televisión y hace menos de dos años pudimos ver en el cine por primera vez a un Garfield creado por ordenador, relanzando su popularidad a pesar de la baja calidad del film. Ahora le toca el turno a los videojuegos, donde tras varias apariciones sin mucha fortuna "The Search for Pooky" nos propone un plataformas sencillo y funcional que desgraciadamente no ha salido muy bien parado.
Ah, Garfield odia los lunes, ¿y quién no?
Buscando a Pooky
El osito de peluche Pooky entró en la vida de Garfield cuando éste le encontró rebuscando en los cajones de Jon. Desde ese momento se hizo su amigo inseparable. Es perfecto, no habla, no molesta y no le quita la comida. Pero ahora ha surgido un problema grave, alguien se ha llevado a Pooky contra su voluntad y Garfield tiene que encontrar a los malhechores y darles un escarmiento. ¡Te salvaré Pooky (después de comer mi lasaña, claro...)!
El desarrollo es el de un plataformas sencillo, dividido en un puñado de fases que transcurren en diversos escenarios, como la casa de Jon, el jardín, la finca de sus padres o un centro comercial en la ciudad. El escueto argumento se va desarrollando mediante imágenes estáticas que simulan viñetas con acierto, respetando el estilo y trazo personal de Davis para cada dibujo, y pronto nos enteraremos de que los secuestradores de nuestro osito no son otros que los secuaces de Mafioso Mice, un ratón con muy mala leche.
Una vez puestos en situación, al comenzar cada pantalla, y tras elegir nivel de dificultad entre fácil o difícil, se nos indican los objetivos a cumplir, y que van desde cazar ratones y pollos a engañar a Odie para que nos ayude a escapar por una verja. El control es muy simple y se limita a los movimientos básicos para desplazarse, un botón de salto y otro de ataque, que a veces varía en su forma pero nunca en su ejecución. Cada misión está a su vez compuesta de varias zonas de menor tamaño, pero repitiendo escenario y finalidad entre ellas. En la primera de todas por ejemplo, tenemos que cazar a varios ratones por casa de Jon, para llevarlos de uno en uno a una jaula y que nuestro tutor nos dejé salir de casa en busca de Pooky. Ya desde que comenzamos con la búsqueda de los roedores advertiremos que The Search fo Pooky es un plataformas demasiado básico, sin ideas propias, con una profundidad que brilla por su total ausencia y que además tiene una duración bastante corta.
El resultado global es al final un título repetitivo y muy plano, con objetivos similares entre fases y un desarrollo que se puede volver tremendamente aburrido a las primeras de cambio, debido a la falta total de variaciones, ideas interesantes o minijuegos que den un toque distintivo. Pantalla tras pantalla nos encontraremos recolectando cientos de objetos (en general comida de todo tipo) para aumentar el porcentaje completado, al tiempo que damos un montón de saltos sobre plataformas estáticas matando a unos pocos enemigos y cumpliendo lo que nos hayan indicado. Empeora el panorama que el juego pueda resultar difícil para los más pequeños de la casa, ya que hay muchos saltos bastante ajustados, mientras que cualquier jugador medianamente experto se encontrará ante un más de lo mismo que encima carece de cualquier clase de ítems, retos de habilidad interesantes o un desarrollo más elaborado que justifique su compra. Ni los dos grados de dificultad ni las fases en coche, más divertidas que el resto, salvan del suspenso un apartado tan importante en un videojuego como es el de la diversión que puede ofrecer.
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