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Battlefield 2: Modern Combat
En pie de guerra el tibio y el kamikaze
La guerra es un asunto muy turbio. Si la vida inteligente del universo- por alguna parte estará- bajase alguna vez a la Tierra, sería difícil explicarles nuestra forma de hacer las cosas: tenemos unas cosas molestas que se llaman países o estados, y dentro de estos hay un orden jerárquico, y el de más arriba es normalmente un pazguato mezquino y acomodado que- de tener problemas con el líder de otro país- envía a su población a destrozar e invadir el estado objetivo...¡Y el pueblo obedece! Y hubo un tipo llamado Napoleón, que pensó que sería buena idea que los rusos comieran croissants, pero a los rusos no les gusta el croissant y miles de personas murieron de frío. Luego hubo uno llamado Hitler, que pensó que era mejor que los rusos comieran frankfurts y bebieran cerveza, pero los rusos preferían el vodka, y por eso miles de personas murieron de frío. ¡Pero no frivolicemos, que la guerra no es ningún juego! Aunque hay juegos sobre guerra.
La saga Battlefield lleva ya casi cuatro años en PC, tratando de simular batallas- algunas reales, otras no- mezclando el juego de acción con componentes estratégicos. En el caso del juego aquí analizado, encontramos la primera versión para consola de esta saga, que trata de adaptarse a un control más arcade teniendo en cuenta no solamente las obvias limitaciones del control, sino también la preferencia de los jugadores de consola.
En Battlefield 2: Modern Combat, tendemos otra de estas absurdas guerras, aunque esta vez ficticia. Por un lado, la OTAN - abanderados de la paz y el amor cuando les conviene- envía tropas a el estado soviético de Kazakhstan, manteniendo a raya el conflicto con una ética cuestionable. Ante esto, el gobierno de la República Popular China- justo y socialista, y con un enorme respeto por los derechos humanos, según fuentes gubernamentales chinas- decide frenar lo que ellos consideran una represión imperialista, porque como es obvio los pozos de petróleo del país no tienen nada que ver. El juego funciona con una estructura casi lineal- solamente en la penúltima misión podemos elegir a qué bando llevamos- y nos plantea jugar varias misiones con la OTAN y la otra mitad con el ejército chino. Entre cada una de las misiones- que cuentan con sus determinados objetivos y métodos para actuar- puede aparecer a veces un noticiario muy curioso: se exponen las visiones de dos canales de televisión, uno occidental y uno chino. Lo cierto es que en este aspecto los desarrolladores se han encargado de darle un humor muy sutil a tales retransmisiones, pues los medios de comunicación de ambos bandos manipulan con virulencia los hechos que acabamos de jugar, demonizando con saña al ejército chino o al occidental, dependiendo de si el canal que retransmite está del lado de la república popular o de la alianza militar de occidente (canal inteligentemente llamado "Neo-Con"). También cabe contar que a pesar de que el juego tiene un argumento prácticamente inexistente, al final los desarrolladores han colocado un giro argumental que, sin ser ninguna maravilla, anima un poco más la historia.
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