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Battlefield 2: Modern Combat
Las guerras next-gen, sin muchos cambios
Fue hace cuatro años cuando la saga Battlefield comenzó su andadura en PC, con Battlefield 1942 título de acción militar orientado al mutijugador online. Su éxito propició la llegada de varias expansiones hasta que por fin llegó la segunda parte, primero a PC hace casi un año y poco después a PS2 y Xbox, siendo esta entrega la primera incursión de la saga en consolas. Ahora, aprovechando la llegada de la nueva generación, EA nos trae esta versión para Xbox 360, un port bastante parecido a las de la actual generación de consolas, haciendo el juego sólo recomendable a los que no lo hayan jugado ya. Comencemos.
El título se divide en dos vertientes bien diferenciadas. Por un lado, tenemos la campaña, el modo historia para un jugador que se añadió a esta segunda entrega de la saga con su llegada a las consolas, seguramente por miedo a que el modo online no fuera suficiente. Su argumento es poco original, y nos pone en un conflicto entre China y Occidente, permitiéndonos elegir, según avancemos, el bando que queremos controlar. Sin duda en la campaña destaca el sistema de juego, muy parecido al de las últimas entregas de la saga Conflict, aunque con una vista en primera persona. Es decir, a lo largo de una veintena de misiones manejamos a un comando militar formado por soldados de distintas clases y funciones (ingenieros, tiradores, médicos, etc) y, por tanto, con distintas armas e ítems, que deben cumplir los objetivos que se les asignan en territorios hostiles llenos de enemigos. Además, en cualquier momento podemos alternar, en tiempo real, el control entre los distintos miembros del grupo con tan sólo pulsar el botón X, siempre que podamos ver al soldado al que queremos "transportarnos" (un indicador blanco sobre él se encargará de hacérnoslo saber).
Esto, que en principio, añadiría un gran componente estratégico a las misiones, al final no resulta tanto, debido a que la posición de nuestros compañeros no resulta tan determinante (de hecho, ni siquiera podemos darles órdenes para que se coloquen, como en otros títulos del mismo género) y a la baja IA tanto de los enemigos (que a menudo aparecen de la nada y utilizan la táctica de "ir a saco"), como de nuestros aliados, poco avispados a la hora de moverse o cubrirse.
Al final de cada misión, unas estadísticas nos indican cómo lo hemos hecho y se nos otorga un número variable de estrellas en función del tiempo que hayamos tardado, los enemigos derribados, nuestra puntería o las bajas sufridas. El número de estrellas que tengamos acumuladas conforma nuestro rango militar, que inicialmente parte de simple soldado raso y que va aumentando según consigamos más estrellas, un aliciente para rejugar las misiones, unido a que desbloqueamos nuevas armas al avanzar. Además, también podemos ganar hasta un máximo de quince medallas y ocho galones, las primeras por realizar ciertas acciones destacadas en el campo de batalla (como matar cierto número de enemigos seguidos con un cuchillo, un vehículo, un rifle, etc) y las segundas por progresar en el propio juego, superando todas las misiones de una zona o consiguiendo todas las estrellas posibles en un número mínimo de fases.
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