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Road Rash II
Carreras ilegales en los 16 bits de Sega
En las consolas de 16 bits, el género de la velocidad nunca llegó a tener un claro referente como posteriormente lo han tenido las siguientes generaciones. En el caso de MegaDrive destacaron algunos títulos puntuales, entre ellos los míticos OutRun, Super Hang-On o Virtua Racing (este último el primero en incluir las 3D al género). Como vemos, abundaban diversos arcades de velocidad que si bien no se convertían nunca en lo mejor de dichos formatos -cuyos catálogos estaban inundados de juegos de plataformas, puzzles y lucha en 2D- si que fueron poco a poco sentando las bases de un género que vería su gran momento una vez se asentara la era de las 3D.
Este era el caso de Road Rash II, un título de Electronic Arts perteneciente a una saga de conducción que por su mecánica de juego podría considerarse -salvando las distancias- el antecesor de juegos como Need for Speed. En este caso, no hay coches, sino motos, pero lo que sí hay son carreras ilegales por una gran variedad de circuitos y la policía siguiendo nuestros pasos. Lástima que esta saga no llegó a mantenerse como lo hacen hoy las actuales sagas de conducción de EA (Burnout, NFS) y quedara en el olvido con sus últimas entregas aparecidas en los tiempos de Playstation y Nintendo 64. En los últimos años sólo hemos podido disfrutar de una conversión para Game Boy Advance a partir del último juego aparecido para la primera consola de Sony.
Una adictiva jugabilidad
Resulta curioso ver ahora, tras las malas relaciones que en los últimos años mantuvieron Electronic Arts y Sega (en especial durante la etapa Dreamcast) como sin embargo MegaDrive se llevó una larga lista de títulos en general de muy buena calidad por parte de la compañía norteamericana -algunos de ellos exclusivos, como el título que nos ocupa-, entre los que destacaban: Jungle Strike, Fifa Soccer, NBA Live, y por supuesto la saga Road Rash. Su primera entrega logró hacerse un hueco en el catálogo de los usuarios de MegaDrive especialmente debido a una adictiva jugabilidad que lo convertía en uno de los títulos de conducción más divertidos de la consola de Sega.
Su secuela, Road Rash II no tardaría en llegar, aprovechándo el tirón de la primera entrega, completando así un título que era casi idéntico al original: la misma jugabilidad, el mismo motor gráfico, etc. pero evidentemente con todo el catálogo de circuitos, melodías y motos renovados por completo. Ésta es quizá una de los grandes defectos que se le puede encontrar a este juego, y es que jugar con él es prácticamente lo mismo que jugar a la primera entrega, por lo que en general hace gala de una innovación mínima.
Pero aún así, el ser tan parecido con el primer juego algo bueno tenía que tener, y viéndolo desde otro punto de vista también podemos decir que Road Rash II conserva todo lo bueno de su antecesor. De esta manera nos encontramos ante un arcade muy sencillo, que ante todo nos ofrece momentos muy divertidos, especialmente si estamos en compañía de un segundo jugador. Pero antes de entrar en detalles jugables pasamos a ver que ofrece Road Rash II en cuanto a gráficos y sonido.
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