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Steambot Chronicles
Libertad a trompicones
Muy de vez en cuando, el género del RPG recibe ideas interesantes y nuevas. Siendo uno de los géneros más manidos y cargados de estereotipos que existe, las diferencias entre uno y otro suelen determinarse por algunos ligeros cambios en el sistema de juego, llevando a sistemas de combate que- sólo tratando de innovar con pocos resultados- resultan frustrantes y aburridos. Steambot Chronicles podría ser considerado una pequeña excepción dentro de este género tan saturado, si bien no todas las buenas ideas están tan bien aprovechadas.
Comencemos por el principio. El protagonista del juego- al que debían odiar sus padres, pues le llamaron Vanilla Beans (alubias de vainilla)- se despierta un día de un naufragio, habiendo perdido la memoria (¡Un protagonista amnésico! ¿Cómo se les ha ocurrido algo tan original?). A su ayuda acude una chica pelirroja llamada Coriander (Connie para los amigos), y justo después el camino de salida de la playa queda bloqueado a causa del ataque de alguien misterioso que parece tener algo en contra de Vanilla. Tras escapar utilizando un viejo Trotmobile- una especie de robot algo tosco que recuerda mucho a las armaduras MagiTech de Final Fantasy VI- los dos protagonistas de la historia comienzan su búsqueda en torno al anónimo atacante. A partir de aquí, las elecciones de lo que hace Vanilla quedan en gran parte a merced del jugador.
De éste modo, el atractivo principal de Steambot Chronicles es su libertad de acción. De forma similar a aquellos viejos libros de "Elige tu propia aventura"- esos cuyas portadas eran ilustraciones ridículas rodeadas por un marco rojo vivo- el jugador se ve ante la posibilidad de elegir su forma de dirigirse a cada personaje del juego, y decidir así lo que va a hacer Vanilla. Evidentemente, aquí tienes la posibilidad de elegir quienes son tus aliados y qué rumbo toma la historia: la mayoría de los jugadores seguramente quieran unirse a Connie y a su banda de música- llamada los Garland Glibetrotters- para poder disfrutar del minijuego de música (un sistema de coordinación de botones a veces excesivamente complicado) y probar la gran canridad de instrumentos que puede tocar Vanilla, que parece que a pesar de su amnesia aún recuerda como dirigir a la Orquesta Filarmónica de Varsovia y a los Niños Cantores de Viena. Por otro lado, si lo que quieres es ponerte del lado de los no-tan-buenos y hacerte bandido, también tienes esa opción.
El mayor atractivo del juego depende pues de su gran libertad de acción. Utilizando un sistema de misiones, podemos aceptar o no ciertos encargos, o comportarnos de una forma u otra con la gente que encontramos, ganándonos un mote en la ciudad según nuestra actitud y nuestra forma de vestir, pues en ese caso también poseemos una variedad considerable de prendas. Así, si nos especializamos en música nos ganaremos el sueldo tocando en las tabernas, mientras que existen otro tipo de misiones como utilizar nuestro Trotmobile como taxi o camión, o incluso utilizar su capacidad de vehículo de combate para enfrentarnos en torneos a contrincantes, o luchar contra los bandidos en pos de obtener sus tesoros.
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